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domingo, 16 de julio de 2023

Caminando la ciudad

 



Caminando la ciudad

Camino la ciudad
mi corazón palpita
La siento envejecida
Y si se quiere perdida

Ya no lucen sus ladrillos
Sus viejos caserones
por el comején carcomidos?
No, es la mano destructora

Mirando hacia atrás
Todo está cambiado
no es el hogar de todos
Se viste de gala para otros

La ven con otro color de ojos
No la amaron para siempre
No hay residuos de amor

Sus hijos la dejaron
Se abre mi pecho
con dolor y pena

Rio Blanco, HDG, julio 13 de 2023

  1.  
  2.  

sábado, 15 de julio de 2023

Las manecillas del reloj

 


Los relojes con que hoy miramos las horas, han girado siempre hacia la derecha, igual que los antiguos relojes solares que lo hacían de la misma forma que lo hace la sombra. Ello me lleva a escribir sobre el sol que empieza a calentarle las espaldas a los gobernantes, simbolizando que tanto el alcalde de mi bonita Popayán como el gobernador del rico Cauca, están en la recta final de su mandato, cumpliendo su período de cuatro años en el poder, en medio del nuevo mapa electoral en Colombia.  

Con el residuo de amor por este terruño, recordemos que, en los últimos 20 años, los gobernantes han sido duramente vituperados, situación que no ha cambiado. Sigue igual la murmuración malévola, bajo la teoría de que “fueron excelentes candidatos, pero malos gobernantes”.  Es normal, que la favorabilidad, al final de su mandato, descienda en las encuestas significativamente, en comparación a cuando iniciaron. Es natural, por el desgaste de su imagen y de su gobierno, así como por las expectativas incumplidas, entre otras razones.

¡Juro que todo ha cambiado! Por eso, deben prepararse para la ingratitud, ante el fenómeno paranormal, inundando de supersticiones, mitos y leyendas las calles de la arcaica Popayán, robándole el honor a las personas.  La maldición devora la ciudad y son tenidos por culpables los que habitan en ella.  Pretenden ser demócratas, pero la democracia precisa una acción conjunta, de cooperación, participación y solidaridad. Abundan los propaladores, contraviniendo con la lengua, y los oyentes, de las orejas, desde el inicio del mandato, agobiando las encuestas y el progreso de la ciudad. Exclamando: “lo que se necesita es un buen gerente”. Y así, de tiempo en tiempo, los predicadores de siempre, vapulean el honor propio de las personas. No dejan de sorprender los malentendidos atacando las virtudes personales y al hombre público.

No existe comportamiento cívico, miran con otro color de ojos, contradiciendo el progreso como un mal endémico en Popayán, porque nunca estamos de acuerdo. Como si siempre, pusiéramos el poder en las manos equivocadas, de allí el gran daño, no solo a la percepción del buen gobierno y al buen nombre de los mandantes, sino los daños severos a la democracia causados por la democracia. Desde luego, por las discordancias de la democracia de los políticos estereotipados de una moralidad negativa. Tanto es así, que el prestigio y la reputación de la política la deterioran de tal forma, que cuestiona la democracia misma ¡He allí el ocaso de la política tradicional!  Aun así, nadie desea una democracia para morirse de hambre.

En el tiempo presente, abren las puertas para el acceso constante de la información y datos sobre la gestión pública y la conducta de los gobernantes. Medios de comunicación y redes sociales compiten a diario por la primicia de noticias escandalosas, poniendo en evidencia a quienes ostentan el poder, afectando la legitimidad de las instituciones. Entonces, ¿qué extrañas razones tienen aquellos aspirantes a ejercer como mandatarios?  Y, ¿cuándo vamos a recuperar la confianza de los ciudadanos?

El civismo trata del modo de vivir en la ciudad; pero también, es clave para acrecentar la confianza, elegir personas capaces de transmitir coherencia y credibilidad política, personas preparadas para esquivar las tentaciones del conflicto de intereses y la corrupción, que socavan el sistema democrático. Se requiere funcionarios y directivos idóneos, comprometidos con la realización del bien común. Y, desde luego, la inteligencia colectiva de los grupos sociales, debe servir para distinguir y elegir a quienes merezcan esa responsabilidad filtrando aquellos que no sean aptos. Por eso, aquellos partidistas, que hoy están en un lado y, mañana en otro, dependiendo de la oferta que les hagan, producirán el efecto de reducción de electores, obligándonos a decantar la larga lista de candidatos promovidos por movimientos políticos o por el embeleco de firmas. Aun así, sólo una gran coalición permitirá alcanzar el principal cargo departamental y la alcaldía de Popayán.

Estos son mis principios, sin limitar el derecho a esos cargos públicos, donde caben los preceptos básicos para identificar una serie de condiciones que necesariamente deben cumplir las personas que van a responsabilizarse de gestionar volúmenes importantes de recursos públicos y afectar a la vida de los conciudadanos. La elección democrática es irrenunciable, pero debe compatibilizarse con la búsqueda del buen gobierno, que es el del bien común.

Civilidad: ¡Cunde la incertidumbre! ¿Hacia dónde se inclinará el péndulo de la democracia? HDG




domingo, 2 de julio de 2023

Armonía otoñal con brillo en el cielo

 



Qué importantes son los recuerdos, son primordiales en la vida de todo ser humano. Nos hacen aprender de los errores y rebuscan cosas bonitas ya vividas.  Más esos recuerdos sin escribirlos, en el transcurrir del tiempo se olvidarán. Es preferible almacenarlos en el baúl de los recuerdos para ilustración de nuevas generaciones. Soy feliz disfrutando con mis lectores esos recuerdos de la vida que nos hacen vivir dos veces: el pasado y lo actual. Quien no ha sacado del baúl viejas fotografías o cartas de amor atadas a un lazo, que aún conservan el perfume que pusieron de relieve, en la mente del receptor, la conexión física que se produjo entre ellos, como una forma de comunicación para reforzar el impacto de la carta. 

Todos poseemos una máquina del tiempo que nos lleva hacia atrás. En el otoño de la vida los recuerdos son la mayor riqueza. Atrás queda el lúdico paréntesis del verano de la niñez y la juventud divino tesoro. Esos recuerdos nos llevan hacia adelante, soñamos despiertos. Por eso, antes de tomar el vuelo, no debemos dejar tareas pendientes. A mis lectores les propongo en primer lugar, detenerse y respirar. Contener por un momento todos los procesos para analizar, desechar y purificar todo lo pendiente, veámoslo paso por paso.

¡Oh qué grande es Popayán bajo la luz de sus faroles!
¡Y cuán pequeño es ante los ojos del recuerdo! Volvamos a la memoria, que nos trae tristes recuerdos del patrimonio arquitectónico y las costumbres del Popayán perdido. En la lente oscura del recuerdo, toman mérito singular, haciendo perdurar su encanto. Ahora, anhelantes a que ningún recuerdo por insignificante que sea, que no se apague nunca.

Pienso y estimo que nada tan importante como los recuerdos. El secreto está en saber elegir lo que no debe olvidarse. Esta ciudad amada, es el único paraíso del mundo del cual nadie es expulsado. Quien sabe amar a Popayán, aquí se debe quedar. Yo, solo le ruego a mi memoria que no me abandone nunca, que me ayude a recordarte siempre, en el otoño de mi vida ya no puedo consentir que puedo olvidarte. Tu recuerdo es perfume para mi alma.

La historia de mi Popayán amada no puede borrarse ni alterarse. Ello sería matarnos a sí mismos. Dejo asomar mi anhelo utópico de una pretendida inmortalidad que urge hacia atrás en una ilusoria recuperación de la juventud de la arcaica ciudad. El invierno lluvioso en Popayán suele ser muy frio para aquellos que no tienen cálidos recuerdos. Y cuando siento el calor abundoso de estos días, veo crecer la luz de mi ciudad que viene abrigarme el corazón. Es el fuego que puede arder sin sentir miedo, es la belleza crepuscular de la eterna Popayán, es mi clima favorito, llena de calidez humana. Canto con el poeta cuando dice:

No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido”.

No le temo al sereno otoño de la vida, ni le temo a la soledad. No tengo limitaciones en mi edad madura. Como otoñólogo o apólogo, he comenzado a reconocer que ahora los jóvenes son otros y que el otoño, es para empezar a olvidar las cosas que nos molestan. Entonces, me llega la obligación biológica de delegar los atributos de mi juventud a mis hijos y a mis nietos a quienes les corresponde recoger el olor de las techumbres, el característico olor de teja húmeda envuelta de la cal que tiñe de blanco los muros de mi amada ciudad. Mi nostalgia como siempre, contribuye a borrar los malos recuerdos y a exaltar los buenos.

Civilidad: El poeta ruso Alexander Pushkin, sostiene: “Feliz aquel que fue joven en su juventud, feliz aquel que supo madurar a tiempo”