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domingo, 11 de febrero de 2024

Hacia dónde vamos...

 



Triste decirlo, pero vamos camino al abismo. Contradicciones, egoísmo, soberbia, codicia, envidia, armas, ignorancia, hambre, drogas, injusticia, secuestros, bloqueos. estamos acabando con el futuro. Y hasta con el planeta, con la naturaleza y con la especie humana. Utilizamos un lenguaje para ejercer, la dominación o liberación, pero no la conciliación. Reina la confusión en el campo mediático, como arma devastadora. Garroteamos nuestra lengua madre, invirtiendo el sentido de las palabras con tratamiento hipócrita, para ofender a todo el mundo. “La verdad revelada” en medios de comunicación con un periodismo asociado para amenazar.  Informaciones instantáneas, para resaltar solo las malas noticias. 

La tragedia de Caín y Abel, se repite entre pueblos, clases y países. No bastaron dos guerras mundiales del siglo pasado para tomar escarmiento. Violencia, salvajismo, incultura, acompañan a la sociedad. Desde siempre, el racismo ronda la política. Las mentes más brillantes del mundo juegan al papel del conflicto armado y a su trágico final. El mundo globalizado se volvió pequeño, las distancias no son problema. La ciencia y la tecnología no estudian las enfermedades, crean los virus y ahora quieren reemplazar al humano. Con inventos, las sociedades no crecen, se enriquecen, lo importante es el estiércol del diablo. El afán es crecer con riquezas nada santas. Comprar, consumir, engordar patrimonios, divertirse, alucinarse con alcohol o con drogas de toda clase, en todas las clases sociales. La codicia conlleva a ganar, aunque otros pierdan; vencer el poder para poder. No importa cuántos queden muertos en el campo; no conmueve el dolor, la frustración, las injusticias, los genocidios, las corrupciones, las coimas, la impunidad, los negocios turbios, las usuras, el terrorismo económico envilece la pobreza, la trampa electoral, se impone. Lo importante es el triunfo a como dé lugar. El status, el club, el último automóvil, la cuenta bancaria, los dividendos, la bolsa, la propaganda, la imagen, aunque sea pura ficción. El mundo plástico -las tarjetas-, las modas y, el celular, dan posición social a los individuos.

El saber poco importa, las influencias políticas, lo fatuo, la vulgaridad, la hostilidad agresiva, la alienación frustrante. Las ideas se combaten con publicidad y dinero. El dogmatismo no admite opiniones. A pesar de tener un solo Dios, hermanos en la fe, se enemistan por territorios, por rutas, por creencias, jerarquías, y dinero. Ricos contra pobres, orientales contra occidentales; etnias entre sí; jóvenes contra viejos.  Vivimos en la época del maltrato y, en cada región en forma diferente. Cada quien, con su verdad, con su esperanza o fatalismo. Ejercemos la insatisfacción de conciencia: ningún gobernante, ni blanco, ni indio, ni negro. ¡Nada ni nadie nos satisface!

La felicidad es un placer interno que solo ayuda a calmar las ansiedades personales. No sabemos compartir el aire, la belleza, la paz, la amistad, la solidaridad. Los pedagogos, los sociólogos, los antropólogos, los psicólogos y los poetas lo saben, pero nada más. Los periodistas lo publicitan a su amaño. Los religiosos predican, pero no aplican, los políticos innovan su demagogia barata.

Vivimos en selvas de concreto, en el mar de la incertidumbre, en la intranquilidad del anciano, en la violación de los niños, el crimen intrafamiliar, el acoso sexual, el olvido del artista, el mal pago del obrero, el silencio de la iglesia.

De nada vale la sabiduría para ser mejores, para compartir con todos esos conocimientos, para servir a la sociedad, al prójimo, a la patria. Sin Dios ni ley. Los títulos se compran, y no es la excelente herramienta para llegar a ser alguien en la sociedad. La familia, la escuela, la sociedad y los medios de comunicación social masivos ya no son vehículos para el buen camino. La familia, la cultura, las escuelas el arte y la ciencia, deberían valer, no para explotar, sino para servir.

Civilidad: La humanidad siempre ha sufrido y, siempre se ha revelado. Cada día somos más y no más. La tierra nos da a todos, pero la maltratamos.

domingo, 4 de febrero de 2024

Calores sofocantes..¿Que hacer? (2a parte)

 

Ya sabemos que las ¡ciudades están llenas de automotores y malos humos. Plásticos flotando en el mar. Los polos se derriten. Ahora, necesitamos voluntarios para que el planeta tierra esté más contento ¡Hoy está enfurecido!
Si somos amigos de las plantas y los animales, podemos convertirnos en superhombres de la ecología. El cambio climático, el agujero en la capa de ozono, es una realidad. Las tormentas de invierno son más enérgicas y desencadenan más agua, causando cada año daños generalizados por viento e inundaciones. Los ciclones tropicales se han vuelto más fuertes y afectan a decenas de millones de personas cada año. Los mega-ciclones y, las carbonizaciones de los bosques,  se han vuelto más comunes, con velocidades de viento que hacen dificil mitigarlos.
 
La inseguridad alimentaria y del agua ha aumentado en todo el mundo, amenazando la salud y el bienestar de miles de millones de personas. El calor y la humedad extremos en los trópicos y subtrópicos ha multiplicado por diez el número de días en los que es imposible trabajar al aire libre, reduciendo la productividad agrícola.
El clima extremo en el mundo, ha hecho que la producción de alimentos sea impredecible. La mitad de la tierra dedicada a la agricultura en el pasado, ahora es inutilizable, y la capacidad del resto para cultivar alimentos difiere mucho de una temporada a otra. Las poblaciones de peces han colapsado. La acidez del océano ha aumentado en un 125 %. La cadena alimentaria del océano ha disminuido en algunas regiones, ya que los pequeños organismos marinos que forman su base luchan por fabricar conchas de carbonato de calcio y así sobrevivir.
Pese a los avances de las ciencias médicas, las muertes por tuberculosis, malaria, cólera, diarrea y enfermedades respiratorias se encuentran en los niveles más altos de la historia de la humanidad. Los fenómenos meteorológicos extremos –desde olas de calor y sequías hasta tormentas e inundaciones– están causando grandes pérdidas de vidas y dejando a millones de personas sin hogar. Las epidemias se han sucedido durante todo el siglo, extendiéndose entre poblaciones asediadas por la pobreza y la vulnerabilidad generalizadas.
De aquí al año 2100, la humanidad debe afrontar el reto para mitigar la crisis climática. Si hacemos todo lo posible por contener el cambio climático en el planeta, podríamos disminuir las temperaturas globales y mantenerlas durante el resto del siglo. Los combustibles fósiles deben sustituirse por energías renovables. Renovar los bosques, plantando más de un billón de árboles, para absorber el dióxido de carbono de la atmósfera.
Hay que reestructurar las ciudades para ofrecer un transporte público totalmente eléctrico con vibrantes espacios verdes. Los edificios nuevos deben construirse con recubrimiento fotoeléctrico para generar energía solar y tejados verdes para refrescar las ciudades, convirtiéndolas en lugares más agradables para vivir.
Innovar la tecnología, para  trenes eléctricos de alta velocidad para conectar las principales ciudades del mundo. Los vuelos intercontinentales, con grandes y eficientes aviones que funcionen con queroseno sintético fabricado, combinando agua y dióxido de carbono aspirado directamente de la atmósfera.
 
Que la dieta mundial de la humanidad se aleje de la carne. Mejorar enormemente la eficiencia de la agricultura, durante la transición de la producción de carne a escala industrial al sustento a base de plantas, creando más tierra para volver a cultivar los bosques y la reforestación.
Si tan solo la mitad de la humanidad se dedicara a restaurar la biosfera natural y sus servicios ecológicos, se pondría fin a la devastación del planeta tierra y poner en marcha a gran escala para proporcionar energía limpia e ilimitada a los habitantes del siglo XXII.  Son los dos futuros muy diferentes. El resultado para que vivan sus hijos y nietos, dependiendo de las decisiones que empiecen a tomar desde hoy.
Civilidad: Las soluciones que proponen los científicos, son beneficiosas para todos, pues, reducen las emisiones, mejoran el medio ambiente y hacen que la gente esté más sana.
 
 
 
 
 

domingo, 28 de enero de 2024

Calores sofocantes y más...(1a. parte)

 



La crisis climática ya no es una amenaza inminente. Ya estamos viviendo las consecuencias de años de emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque, todavía podemos luchar para combatirla. ¡Mitigar la crisis! Todo depende de las decisiones del mundo, de lo contrario habrá enormes repercusiones para las generaciones que aún no han nacido.

En el libro “Cómo salvar nuestro planeta, se exponen dos visiones diferentes del futuro. Una en la que hacemos muy poco para afrontar el cambio climático, y otra en la que hacemos todo lo posible. Al ser un tema de actualidad, transcribo apartes a fin de tomar conciencia de esta triste pesadilla.

 

No hay que dejar que el siglo XXI llegue a su fin sin que se hayan tomado medidas para aminorar el cambio climático. Las temperaturas globales han aumentado más de 4°C. En muchos países, las temperaturas estivales se mantienen  por encima de los 40°C. Las olas de calor con temperaturas de hasta 50°C se han vuelto comunes en los países tropicales. En Colombia, por estos días, la temperatura más alta se dio en el municipio de Jerusalén, Cundinamarca con un registro superior de 40.4° C.

Cada verano, los incendios forestales hacen estragos en todos los continentes excepto en la Antártida, generando columnas de humo acre que hacen insoportable respirar al aire libre, provocando una crisis sanitaria anual. Las temperaturas de los océanos han aumentado drásticamente. Las sequías frecuentes y prolongadas asolan vastas regiones de la tierra. Los desiertos del mundo se han expandido, desplazando a muchos millones de personas. Alrededor de 3.500 millones viven en zonas donde la demanda de agua es superior a la disponible. La contaminación del aire tiene una nueva causa importante fuera de las ciudades atestadas de tráfico: el polvo que se levanta de las tierras de cultivo, ahora estériles. El océano Ártico está libre de hielo cada verano. Como resultado, las temperaturas medias en el extremo norte han aumentado más de 8°C. Las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida Occidental han comenzado a derretirse, liberando una enorme cantidad de agua dulce en los océanos. La mayoría de los glaciares de montaña se han derretido completamente. El esquí es ahora un deporte de interior que tiene lugar en enormes pistas artificiales. La mayor parte del hielo de la meseta del Himalaya ha desaparecido, lo que ha reducido los caudales de los ríos Indo, Ganges, Brahmaputra y Yamuna, de los que dependen más de 600 millones de personas para obtener agua. Los glaciares tropicales, también conocidos como ecuatoriales por su ubicación geográfica, son muy raros y especiales. En el mundo solo se encuentran en Suramérica: en Ecuador, Venezuela y, en Colombia el monstruo de la cabeza brillante, volcán de Puracé como glaciar fue el primero en desaparecer. 

Según investigadores, gracias a los glaciares, los científicos han podido monitorear e identificar de manera más clara el avance del calentamiento global. Sin embargo, la noticia es triste porque eso ha podido saberse por el derretimiento de las masas de hielo que los conforman. En el caso de los glaciares ecuatoriales, esto ha sucedido a una velocidad mucho más rápida. Y es preocupante, porque ellos tienen un papel muy importante en la regulación del clima, pero también y, sobre todo, son fundamentales en su aporte hídrico a los ríos que nacen en la alta montaña. 

El océano se ha expandido debido al calor. En combinación con el agua procedente del deshielo, el nivel del mar ha subido más de un metro. Muchas ciudades importantes, como Hong Kong, Río de Janeiro y Miami ya están inundadas y son inhabitables. Las Maldivas, las islas Marshall, Tuvalu y muchas otras pequeñas naciones insulares han sido abandonadas.

Civilidad: ¡El planeta está en riesgo! Aumentan con los incendios forestales que afecta la salud, la disponibilidad de agua para el consumo, la producción, la generación de energía, se deteriora el aire y el sustento vital de miles de especies de la fauna silvestre.