Es un
sentimiento compartido por millones de colombianos que sueñan con un país
próspero, seguro y en armonía. ¿Cómo no anhelar la paz y la convivencia, si
representan la posibilidad de superar los conflictos, reconstruir el tejido
social y abrir caminos de desarrollo desde las regiones?
La
verdadera fortaleza de Colombia radica en permanecer unidos, más allá de las
diferencias políticas o ideológicas, para impulsar una economía vigorosa, una
educación con oportunidades para todos y un desarrollo sostenible que beneficie
por igual a las ciudades y al campo. Hoy, mañana y siempre, debemos permanecer
unidos por Colombia. No porque pensemos igual, sino porque compartimos el mismo
territorio, la misma historia y la responsabilidad de legar a las futuras
generaciones un país más fuerte, más libre y más digno.
Cuando
este artículo vea la luz, el domingo 9 de agosto, el doctor Abelardo de la
Espriella habrá iniciado su mandato como el presidente número 43 de la historia
de Colombia. Su llegada a la Casa de Nariño representa una oportunidad para
renovar el compromiso nacional con la seguridad, la reactivación económica, la
estabilidad institucional y, la descentralización. La atención a las regiones y
la construcción de un Estado más cercano a los ciudadanos constituyen
propósitos que, de materializarse, podrían fortalecer la confianza en las
instituciones. Será igualmente indispensable que este nuevo ciclo gubernamental
promueva los consensos necesarios para disminuir la polarización y consolidar
el bienestar social. Que el éxito de su administración se traduzca en paz,
prosperidad y un fortalecimiento efectivo de la democracia colombiana.
El hoy
presidente de la República había proyectado realizar su ceremonia de posesión
en “La Fecunda Ciudad de Popayán”; sin embargo, finalmente la trasladó a Cali,
en lo que constituyó la primera investidura presidencial celebrada fuera de
Bogotá. La modificación obedeció a la actividad registrada por el volcán
Puracé.
Habría
sido un gesto de profundo significado simbólico trasladar la posesión a la
guarnición militar de Popayán, la “Ciudad de los Muros Recios”, para expresar
respaldo a las Fuerzas Militares en un departamento que, durante décadas, ha
soportado el peso del conflicto armado y de la violencia. La decisión habría
estado en consonancia con su anunciada política de "mano dura" frente
al crimen organizado.
De
haberse concretado ese propósito, Popayán se habría convertido, aunque fuera
por un solo día, en el epicentro político del país y en un punto de atención
para la prensa internacional y diversos líderes políticos del continente.
Fue una
oportunidad que la ciudad dejó escapar por circunstancias ajenas a su voluntad.
Además del valor histórico y simbólico de albergar una posesión presidencial,
el acontecimiento habría significado un importante impulso temporal para la
economía local. Es razonable pensar que la ocupación hotelera habría alcanzado
su máxima capacidad y que restaurantes, comercios, transporte, operadores
logísticos y numerosos prestadores de servicios habrían experimentado un
notable incremento en su actividad.
Desde la
perspectiva de la seguridad, también se habría producido un amplio despliegue
de la Fuerza Pública para garantizar la protección de jefes de Estado, altas
autoridades e invitados especiales. Esa
presencia institucional habría representado, al menos de manera transitoria, un
mensaje de respaldo a una región que continúa padeciendo el
accionar de las organizaciones criminales y que reclama, desde hace muchos años, una
respuesta firme y permanente del Estado.
El Cauca
sigue siendo uno de los territorios donde la paz aún es una tarea
pendiente. Sus habitantes merecen vivir sin el temor cotidiano que imponen la
violencia, los bloqueos, las extorsiones y el accionar del crimen organizado.
La recuperación de la seguridad constituye un requisito indispensable para
alcanzar el desarrollo económico y la convivencia.
En
fin, hoy, mañana y siempre, permanezcamos unidos por Colombia. Unidos por una
historia que nos identifica, por un presente que nos desafía y por un futuro
que nos corresponde construir con trabajo, respeto y esperanza.
Civilidad
(según HDG): Colombia, el Cauca y Popayán, “La Hidalga Ciudad ”,
volverán a ser verdaderamente libres en la medida en que sus hijos comprendan
que el auténtico patriotismo consiste en servirlas, protegerlas y
engrandecerlas con el ejemplo.
