Mi gestión de
escribir con sentido preventivo y propositivo tiene una intención: buscar en
Popayán un alcalde, pero que sea verdadero director de orquesta y no un bisoño
frente a los problemas de la ciudad.
La ciudad
busca un mandatario que se comprometa y que, con sentido patojo, esté atento a
todo lo que suena en ella. Un alcalde con batuta en mano, capaz de dirigir un
equipo de profesionales que sepan de operaciones, porque para gobernar también
hay que saber a quién acudir cuando llega la hora de intervenir.
Necesita
rodearse de un buen equipo. De un cirujano que, con quirófano y bisturí en
mano, pueda operar los males que aquejan a la ciudad. De un contador que sepa
contar, con el enfoque clásico de la Aritmética de Baldor, las cuatro
operaciones fundamentales: sumar, restar, multiplicar y dividir. Y, sobre todo,
que sepa que las cuentas públicas no se pueden hacer a punta de improvisación.
También
necesita profesionales idóneos para convertir la cultura ciudadana en una
verdadera política pública, con presupuesto, planificación y participación de
la comunidad. Y, por supuesto, alguien que entienda de seguridad: no solamente
para reaccionar cuando ocurre una emergencia, sino para prevenir, proteger y
responder con rapidez cuando las circunstancias lo exijan.
En síntesis,
persona idónea que nos represente sin utilizar el cargo como trampolín
electoral. Se necesita un alcalde que pueda pasar del cagajón a la gasolina;
que le meta empeño, esfuerzo y julepe a los problemas que llevan demasiado
tiempo esperando solución.
Uno de ellos
es la movilidad.
El automóvil
nació para darnos libertad, pero terminó atormentándonos la vida, marcando
buena parte del rumbo del siglo XX. La ciudad moderna se fue acomodando al
vehículo: más vías, más automotores y más espacio para estacionar. Mientras
tanto, el peatón comenzó a perder terreno.
Popayán no ha
sido ajena a esa transformación. Su centro histórico, concebido para caminar,
conversar y vivir la ciudad a otra velocidad, debe soportar hoy un flujo de
vehículos y comerciantes sin vitrinas que no corresponde con sus calles
estrechas.
Ahí aparece
el inevitable enfrentamiento entre tradición y modernidad: una ciudad
patrimonial que quiere conservar su esencia y, al mismo tiempo, debe resolver
los problemas de movilidad de una ciudad contemporánea.
Y aquí
llegamos a una de las principales responsabilidades del alcalde: dirigir la
administración municipal, conservar el orden público, ejecutar correctamente el
presupuesto y defender los intereses del ciudadano.
El alcalde es
la autoridad más cercana a la comunidad. Por eso, cuando un servicio público
funciona mal; cuando una tarifa resulta excesiva o cuando una decisión
administrativa afecta directamente al ciudadano, las quejas terminan llegando a
la Alcaldía.
No se trata
de que el alcalde pueda resolverlo todo personalmente. Se trata de que tenga
capacidad para revisar, exigir, gestionar y tomar decisiones cuando los
procesos no estén funcionando como deberían. La administración municipal no
puede limitarse a recibir quejas: debe tener capacidad de respuesta.
Y queda el
otro asuntito, que no es precisamente pequeño: el centro histórico.
Sacar o, por
lo menos, regular los automotores y los ventorrillos del corazón de Popayán no
es tarea sencilla. Pero tampoco puede convertirse en un problema eterno. Se
necesita combinar regulación, educación, tecnología y participación ciudadana
para encontrar una solución que permita recuperar espacios para el peatón, sin
desconocer las necesidades de quienes viven, trabajan y se movilizan por el
sector.
Los trancones
no pueden terminar convirtiéndose en otro atractivo turístico de la Ciudad
Blanca.
Por eso, más
que buscar un alcalde que prometa resolverlo todo, Popayán lo que necesita es
un mandatario que sepa escuchar, prevenir, planificar, rodearse de
profesionales capaces y, llegado el momento, tomar decisiones para mantener la
ciudad a flote.
Que tenga
batuta, pero también partitura.
Que sepa
sumar voluntades, restar problemas, multiplicar soluciones y dividir
responsabilidades.
Porque
gobernar una ciudad no es solamente sentarse en el palacio municipal. Es saber,
qué está sonando afuera y tener la capacidad de dirigir la orquesta.
Civilidad, según HDG
Popayán
busca novio para casarse en un año.
En esa
búsqueda, no está de más, precisar las cualidades del candidato; más allá de sus ideas, el
valor de un alcalde está en sus habilidades, su ética y su disposición de
ayudar a su pueblo.
Porque, Popayán ya ha tenido demasiados amores
pasajeros.
