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sábado, 7 de marzo de 2026

¡A votar!

 


Hoy Colombia vive una nueva jornada electoral, una de esas fechas en las que la democracia deja de ser un concepto abstracto para convertirse en un ejercicio concreto de ciudadanía. En este escenario, dos instituciones fundamentales del sistema electoral colombiano vuelven a ponerse a prueba bajo las facultades que les confiere la Constitución Política de 1991: el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Registraduría Nacional del Estado Civil.

El trabajo armónico, coordinado y autónomo entre estas entidades resulta clave no solo para definir el rumbo político inmediato del país, sino también para medir el nivel de madurez institucional y las tensiones sociales que atraviesan nuestra vida democrática. Juntas establecen y publican el calendario electoral, y son responsables de garantizar que el certamen transcurra bajo las reglas de juego que fortalecen la confianza ciudadana.

Mientras el Consejo Nacional Electoral ejerce funciones de vigilancia sobre los partidos políticos, las campañas y la financiación electoral, velando por el cumplimiento de la normatividad vigente; la Registraduría asume la compleja tarea operativa: organizar las elecciones, imprimir las tarjetas electorales, instalar las mesas de votación y adelantar el conteo de los votos. Dos roles distintos, pero complementarios, que convergen en un mismo propósito: asegurar elecciones transparentes y confiables.

Al cierre de esta jornada, ambas instituciones deberán responderle con franqueza a la sociedad colombiana. Deberán demostrar que sus servidores públicos, con vocación de servicio, conocimiento de la ley y compromiso con la transparencia, ofrecieron una atención oportuna y eficaz a los electores. Que la normatividad electoral no fue un obstáculo, sino una herramienta para fortalecer la democracia, garantizar la rendición de cuentas, promover la inclusión y ampliar la participación política bajo criterios de respeto a las reglas y pluralismo.

En este proceso, el Estatuto de la Oposición cobra especial relevancia, al ampliar las garantías para el ejercicio político de quienes no hacen parte del gobierno, reafirmando que la diferencia no es una amenaza, sino un valor democrático esencial. La contienda electoral, entendida desde el respeto y la diversidad, es una vía para construir cotidianamente un Estado Social de Derecho y avanzar hacia una paz sustentada en la civilidad.

En la jornada de hoy, los ciudadanos participan en consultas interpartidistas y de coaliciones para la elección de candidatos presidenciales, y eligen un nuevo Congreso de la República, órgano bicameral integrado por el Senado y la Cámara de Representantes, que ejercerá sus funciones durante los próximos cuatro años. De la composición de este Congreso dependerán, en buena medida, la viabilidad de las reformas, el control político y el equilibrio de poderes que exige la democracia.

No está de más, recordar que el voto no es solo un derecho, sino también un deber ciudadano. Así lo establece la Ley 403 de 1997, al señalar que la participación electoral constituye una actitud positiva de apoyo a las instituciones democráticas y debe ser reconocida, facilitada y estimulada por el Estado. En fin, votar es, en esencia, un acto de civilidad. Quien ejerce su derecho al sufragio no solo defiende la democracia, sino que asume su responsabilidad frente al presente y el futuro del país. En tiempos de desconfianza y polarización, acudir a las urnas sigue siendo el gesto más claro de compromiso con la vida institucional y con la posibilidad de una sociedad más justa y participativa.

Antes de ir a votar, debemos cuestionarnos sobre las adversidades y la visión que tenemos, analizando propuestas y proyectos de cada candidato, reflexionando sobre lo que más le conviene al país para proceder a votar por quien creemos será la mejor opción.

 Civilidad: Votar, es el mejor ejercicio para promover y defender la democracia y, si elegimos con convicción tendremos paz. 


 

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