¡Queja de amor!
Cuando se ama De veras nunca el amor nunca se olvida Amar es requisito Para vivir feliz Los sueños son realidad Sabiendo amar Mi queja de amor Es que no puedo vivir sin ti H.D.G. Río Blanco, 21 de marzo de 2024
La Semana
Santa es una de las celebraciones religiosas más importantes del
calendario católico, mostrando todavía, un gran nivel de recogimiento,
siguiendo “religiosamente” todas y cada una de las tradiciones que se repiten
año tras año por estos días. Dicen que se celebra desde cuando Jesús estaba en
la tierra, lo cierto es que tuvieron que pasar varios siglos
después de su muerte para que la celebración de la Semana Santa se
instaurara de manera definitiva.
Tradicionalmente la Semana
Santa, más allá de fiesta religiosa, es una cultura popular que va de domingo a
domingo, comenzando el domingo de Ramos, terminando siete días después, el Domingo
de Resurrección. Durante esta semana, los creyentes celebran lo que se conoce
como Triduo Pascual: pasión, muerte y, resurrección de Jesucristo.
En Popayán, la Semana
Santa, se lleva a cabo hace 458 años, desde el año 1566, como la celebración
religiosa más importante de Colombia. Es una
de las fiestas más tradicionales y antiguas que se cumple año tras año en la
“Ciudad Blanca”. Durante cinco días, penitentes sin capirotes cargan sobre sus
hombros pesadas “andas” caminando las calles coloniales. Siendo notables por la calidad artística de los
dorados y la ebanistería de los pasos, así como por el ambiente sonoro y
olfativo (incienso) de las procesiones. Por lo que, la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) este
sitio y sus eventos, fueron considerados como Patrimonio Cultural e Inmaterial
de la Humanidad.
Las procesiones en Popayán, han sido suntuosas,
silenciosas y magníficas. La salida de la respectiva iglesia tenía lugar a las
8 de la noche y a ellas concurría casi toda la población de Popayán, incluidos los
provincianos y las vecindades que acudían a la ciudad durante la Semana Santa, atraídos
por los esplendores de los desfiles y fiestas religiosas.
La procesión siempre empezaba por un grupo de
monaguillos que llevaban campanas e incensarios, luego seguían el Sacristán
mayor y dos acólitos, llevando aquél una gran Cruz enarbolada llamada
popularmente la Cruz Alta. Los primeros pasos en todas las procesiones, excepto
la del Viernes Santo, eran los de la efigie de San Juan, la Magdalena y la
Verónica; no llevaban sitiales o doseles y su pesadumbre era liviana, por lo
cual los cargueros vestidos de nazarenos han sido devotos inexpertos. Luego
venían los grandes pasos con grupos de efigies representando los diversos
episodios del martirio y de la muerte de Cristo. Estos pasos llevaban sitiales
muy hermosos y marchaban distanciados a considerable espacio. Su marcha era
pausada y silenciosa, solamente se oía el crujir de sus “andas” y, entre los
pasos desfilaban también bandas de música, y cantores del Orfeón Obrero y la
Universidad del Cauca. A uno y otro lado de la procesión, se integraban largas hileras
de fieles y de acompañantes discretamente vestidos portando entre sus manos, velas
o cirios encendidos. El silencio, el recogimiento y la compostura reinaban en
la procesión dando un aspecto majestuoso y solemne, dando pasos lentos en
ambiente místico como corresponde a esta fiesta religiosa.
El desfile sacro más importante de la semana
correspondía al Viernes Santo, las “andas” no llevaban ninguna efigie sino los
atributos del Martirio de Cristo, como los clavos, la caña irrisoria, la corona
de espinas, las sábanas mortuorias, la Cruz, etc. Por último, el Santo Sepulcro
de carey y plata con el cuerpo de Cristo, y la magnífica efigie de la Mater
Dolorosa.
Cargar pasos de la procesión sigue siendo una
devoción rigurosa de los hijos de Popayán y sus herederos, que nunca dejan de
cumplir ni en las más aciagas circunstancias. En Popayán se conversa todo el
año en peculiar vocabulario semana santero. Y, mientras mayor es el peso del
paso que cargan, más pesada es la penitencia en auto de fe, que se rinde a los santos
cargados sobre sus hombros.
Civilidad: Las procesiones atraen a visitantes del mundo
entero; pero, además, son factor importante de unidad y sentimiento por la
ciudad.
En la etapa de envejecimiento, posiblemente después de 100 años de existencia,
o a decir de los expertos, por las condiciones ambientales extremas, durante
tormentas eléctricas, los rayos pudieran haber dañado severamente los árboles
al quemar su estructura interna hasta debilitar su resistencia. Otros dirán, las
Araucarias sin nutrientes se secaron y, la sequía hizo que las ramas cerraran
sus poros para evitar la deshidratación. Algunos sabiondos podrán indicar también,
que el factor central, es un hongo o un grupo de hongos que los volvieron
leñosos. Pero,
es totalmente notoria la sequedad gradual
de los árboles, cuya longevidad es indeterminada. ¡Las araucarias se están
muriendo y nadie sabe por qué!
Cualquiera haya sido la
razón de su fin, hoy su panorama es triste y antiestético. En la denominada
“sala de recibo” de Popayán, en otras épocas, dentro del dosel arbóreo formaron
una corona vegetal las cinco Araucarias. Los árboles son poemas escritos en la
tierra y tienen corazón; por eso, ha sido uno de los árboles más
queridos por los habitantes de esta ciudad. Lástima, están muriendo de pie como
mueren los árboles y los héroes. Lo grave, es que no haya despertado en el
corazón de las gentes ningún interés.
De corteza gruesa y
resquebrajada, ramas pinchudas y escamadas, la Araucaria, de singular silueta
que puede llegar a medir 50 metros de altura; las hemos visto crecer y saber de
su historia genética, que se remonta a muchos años atrás, lo que permite que el
caminar entre esa arboleda sirva de fuente de inspiración, a tal punto de
recibir su sabiduría y su experiencia acumulada a lo largo de su existencia, se
convierte en una bandera de lucha ante la amenaza de desaparecer. Las
moribundas araucarias produjeron oxígeno, purificaron el aire, sirvieron de
refugio para las aves y, fueron testigos mudos ¡Si hablaran cuánto no dijeran!
¡Las Araucarias pacientemente se están muriendo! Esos árboles
de vital presencia, que custodian al Sabio Caldas son inolvidables, pues desde cuando
tengo uso de razón hacen parte de esta zona céntrica de la ciudad. Con el paso
de los años, ya no es posible conocer quien invitó a las semillas para
asentarse allí. Su especial belleza llevó a que, en tiempos
de la política partidista en este paradisiaco lugar, años atrás, un reconocido
político en sus gestas conservadoras, en ardiente discurso le concediera un uso
figurado, pero brutal, mencionando que, bien podrían servir para hacer ofrendas colgando regalos en sus ramas, pero “faltarían
araucarias para colgar liberales”.
Así
han permanecido rígidas convertidas en iconos vivos de la naturaleza adornando este
lugar en esta tierra mágica en la cual conviven la cultura y las prácticas non
santas en el pueblo de Don Sebastián Moyano. Con estas letras, lanzo el
último adiós a las Araucarias.
Civilidad: Lo
esencial de este escrito, es reportar la paciencia de estos árboles que mueren
lentamente de pie, para que quienes, a su lado, circulamos seamos conscientes y
prudentes de estos factores. Y, para que las autoridades civiles y ambientales
tomen las medidas para mitigar los riesgos, previniendo accidentes, garantizando
la seguridad de todos.