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domingo, 24 de marzo de 2024

 




¡Queja de amor!

Cuando se ama De veras nunca el amor nunca se olvida Amar es requisito Para vivir feliz Los sueños son realidad Sabiendo amar Mi queja de amor Es que no puedo vivir sin ti H.D.G. Río Blanco, 21 de marzo de 2024


sábado, 23 de marzo de 2024

Las procesiones en Popayán

 



La Semana Santa es una de las celebraciones religiosas más importantes del calendario católico, mostrando todavía, un gran nivel de recogimiento, siguiendo “religiosamente” todas y cada una de las tradiciones que se repiten año tras año por estos días. Dicen que se celebra desde cuando Jesús estaba en la tierra, lo cierto es que tuvieron que pasar varios siglos después de su muerte para que la celebración de la Semana Santa se instaurara de manera definitiva.

Tradicionalmente la Semana Santa, más allá de fiesta religiosa, es una cultura popular que va de domingo a domingo, comenzando el domingo de Ramos, terminando siete días después, el Domingo de Resurrección. Durante esta semana, los creyentes celebran lo que se conoce como Triduo Pascual: pasión, muerte y, resurrección de Jesucristo.

En Popayán, la Semana Santa, se lleva a cabo hace 458 años, desde el año 1566, como la celebración religiosa más importante de Colombia. Es una de las fiestas más tradicionales y antiguas que se cumple año tras año en la “Ciudad Blanca”. Durante cinco días, penitentes sin capirotes cargan sobre sus hombros pesadas “andas” caminando las calles coloniales. Siendo notables por la calidad artística de los dorados y la ebanistería de los pasos, así como por el ambiente sonoro y olfativo (incienso) de las procesiones. Por lo que, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) este sitio y sus eventos, fueron considerados como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Las procesiones en Popayán, han sido suntuosas, silenciosas y magníficas. La salida de la respectiva iglesia tenía lugar a las 8 de la noche y a ellas concurría casi toda la población de Popayán, incluidos los provincianos y las vecindades que acudían a la ciudad durante la Semana Santa, atraídos por los esplendores de los desfiles y fiestas religiosas.

La procesión siempre empezaba por un grupo de monaguillos que llevaban campanas e incensarios, luego seguían el Sacristán mayor y dos acólitos, llevando aquél una gran Cruz enarbolada llamada popularmente la Cruz Alta. Los primeros pasos en todas las procesiones, excepto la del Viernes Santo, eran los de la efigie de San Juan, la Magdalena y la Verónica; no llevaban sitiales o doseles y su pesadumbre era liviana, por lo cual los cargueros vestidos de nazarenos han sido devotos inexpertos. Luego venían los grandes pasos con grupos de efigies representando los diversos episodios del martirio y de la muerte de Cristo. Estos pasos llevaban sitiales muy hermosos y marchaban distanciados a considerable espacio. Su marcha era pausada y silenciosa, solamente se oía el crujir de sus “andas” y, entre los pasos desfilaban también bandas de música, y cantores del Orfeón Obrero y la Universidad del Cauca. A uno y otro lado de la procesión, se integraban largas hileras de fieles y de acompañantes discretamente vestidos portando entre sus manos, velas o cirios encendidos. El silencio, el recogimiento y la compostura reinaban en la procesión dando un aspecto majestuoso y solemne, dando pasos lentos en ambiente místico como corresponde a esta fiesta religiosa.

El desfile sacro más importante de la semana correspondía al Viernes Santo, las “andas” no llevaban ninguna efigie sino los atributos del Martirio de Cristo, como los clavos, la caña irrisoria, la corona de espinas, las sábanas mortuorias, la Cruz, etc. Por último, el Santo Sepulcro de carey y plata con el cuerpo de Cristo, y la magnífica efigie de la Mater Dolorosa.

Cargar pasos de la procesión sigue siendo una devoción rigurosa de los hijos de Popayán y sus herederos, que nunca dejan de cumplir ni en las más aciagas circunstancias. En Popayán se conversa todo el año en peculiar vocabulario semana santero. Y, mientras mayor es el peso del paso que cargan, más pesada es la penitencia en auto de fe, que se rinde a los santos cargados sobre sus hombros.

Civilidad: Las procesiones atraen a visitantes del mundo entero; pero, además, son factor importante de unidad y sentimiento por la ciudad.

sábado, 16 de marzo de 2024

Las Araucarias mueren de pie

 

En la etapa de envejecimiento, posiblemente después de 100 años de existencia, o a decir de los expertos, por las condiciones ambientales extremas, durante tormentas eléctricas, los rayos pudieran haber dañado severamente los árboles al quemar su estructura interna hasta debilitar su resistencia. Otros dirán, las Araucarias sin nutrientes se secaron y, la sequía hizo que las ramas cerraran sus poros para evitar la deshidratación. Algunos sabiondos podrán indicar también, que el factor central, es un hongo o un grupo de hongos que los volvieron leñosos.  Pero, es totalmente notoria la sequedad gradual de los árboles, cuya longevidad es indeterminada. ¡Las araucarias se están muriendo y nadie sabe por qué!



En todo caso, se trata de un silencioso mal que aqueja a los bellos ejemplares de este árbol que bien podría haber sido declarado monumento natural. Así como ellos, la población joven está desapareciendo sin haber plantado un árbol. Y, sin lograr encontrar el motivo de este fenómeno, mucho menos la cura. Solo queda el recuerdo de la Araucaria como símbolo de exuberancia, que formó parte esencial de la vida política, social, espiritual y cultural de los payaneses.

Cualquiera haya sido la razón de su fin, hoy su panorama es triste y antiestético. En la denominada “sala de recibo” de Popayán, en otras épocas, dentro del dosel arbóreo formaron una corona vegetal las cinco Araucarias. Los árboles son poemas escritos en la tierra y tienen corazón; por eso, ha sido uno de los árboles más queridos por los habitantes de esta ciudad. Lástima, están muriendo de pie como mueren los árboles y los héroes. Lo grave, es que no haya despertado en el corazón de las gentes ningún interés. 

De corteza gruesa y resquebrajada, ramas pinchudas y escamadas, la Araucaria, de singular silueta que puede llegar a medir 50 metros de altura; las hemos visto crecer y saber de su historia genética, que se remonta a muchos años atrás, lo que permite que el caminar entre esa arboleda sirva de fuente de inspiración, a tal punto de recibir su sabiduría y su experiencia acumulada a lo largo de su existencia, se convierte en una bandera de lucha ante la amenaza de desaparecer. Las moribundas araucarias produjeron oxígeno, purificaron el aire, sirvieron de refugio para las aves y, fueron testigos mudos ¡Si hablaran cuánto no dijeran!

¡Las Araucarias pacientemente se están muriendo! Esos árboles de vital presencia, que custodian al Sabio Caldas son inolvidables, pues desde cuando tengo uso de razón hacen parte de esta zona céntrica de la ciudad. Con el paso de los años, ya no es posible conocer quien invitó a las semillas para asentarse allí. Su especial belleza llevó a que, en tiempos de la política partidista en este paradisiaco lugar, años atrás, un reconocido político en sus gestas conservadoras, en ardiente discurso le concediera un uso figurado, pero brutal, mencionando que, bien podrían servir para hacer ofrendas colgando regalos en sus ramas, pero “faltarían araucarias para colgar liberales”.

Así han permanecido rígidas convertidas en iconos vivos de la naturaleza adornando este lugar en esta tierra mágica en la cual conviven la cultura y las prácticas non santas en el pueblo de Don Sebastián Moyano. Con estas letras, lanzo el último adiós a las Araucarias.

Civilidad: Lo esencial de este escrito, es reportar la paciencia de estos árboles que mueren lentamente de pie, para que quienes, a su lado, circulamos seamos conscientes y prudentes de estos factores. Y, para que las autoridades civiles y ambientales tomen las medidas para mitigar los riesgos, previniendo accidentes, garantizando la seguridad de todos.