Y no me di
cuenta. Vaya sorpresa ante el paso rápido del tiempo. Acumulando años la vida pasó volando y la vejez apareció. Que vaina la vejez, llega y,
uno no se da cuenta. Ahora entiendo por qué las articulaciones predicen el
clima mejor que el pronóstico del tiempo. Ciertamente, un día estás joven y al
otro día ya estás viejo. Yo, aunque longevo, conservo mis principios y valores morales;
además, poseo facultades físicas y psíquicas similares a las de muchos
cuarentones. Nunca me preocupan el paso
de los años. Hoy, vivencio sosegadamente,
la dicha de hacer lo que más me gusta: leer, escribir. Y, a veces, conversar con
alguien, manteniendo viva la memoria en medio de esta guerra fratricida.
Dicen que: “Colombia se acerca
aceleradamente a una transición demográfica hacia el envejecimiento
poblacional, impulsada por la caída histórica de la natalidad y el aumento de
la esperanza de vida”. Esa es una sencilla razón que, impone ciertos desafíos al entrar en la era del
envejecimiento. Popayán no es ajena a ello, hoy, es normal ver más gente haciendo
la fila preferencial, no solamente en bancos o entidades financieras. Se nota
el aumento de las personas, y su desgaste de lo vivido, llamándolos: “adultos
mayores”, seguido por “años dorados”, “tercera edad” “adultos
en plenitud”, “la segunda niñez”. Pero, si bien, son términos de valoración
social para referirse a las personas mayores, en lenguaje correcto, son: viejos,
o simplemente frágiles ancianos. Es verdad, la población total ha empezado a
aumentar de manera relevante y lo hará en forma muy acelerada en las décadas
venideras. Aunque hasta ahora, la ciencia aún no ha podido prever, quien
llegará a una ancianidad extrema.
La tarea de este escrito es, evitar la
autocompasión, aunque los muy ancianos estén inevitablemente solos. Muy atrás han
quedado familias y amigos con quienes iniciaron el largo viaje de la vida. He allí el desafío para la ciudad, ante la
desventaja de quienes no tienen un cuerpo nuevo, requiriendo más y mejores
centros de cuidado, hogares geriátricos, o asilos de ancianos, debido al creciente envejecimiento
poblacional. Nunca, “los viejos, al rincón”. Siendo realistas, la ancianidad es
incapacitante y ahoga la mente (Alzheimer) La sexualidad no desaparece nunca,
se eclipsa. Y, a veces, los viejos adoptan posiciones criticas frente al poder.
En fin, la vejez es la antesala a la muerte. De allí, que deben asegurarles una
mejor calidad de vida, y apoyo social para los seres queridos cuando la
atención en casa se vuelve insostenible. “No hay vida más trabajosa que la vejez
menesterosa”. Casos se dan, cuando a su lado, al
viejo miran de reojo, por encima del hombro. Aquellos del entusiasmo juvenil, petulantes
y mudos se espantan vanidosos con su rozagante figura y, con desdén los miran,
como si estorbo fueran a su ridícula vanidad social.
Es común sostener que los ancianos de mirada perdida, además de los achaques,
tienen mal carácter; no sólo por las quejas de sus males, sino por su enojo con
la vida, el mundo y con todos. Señalemos
que, además, de actitudes y comportamientos aparecen, las canas y arrugas en la
vejez; se acorta el dormir y alarga el gruñir. Ante la infalible vejez no hay
medicina. La naturaleza es sabia,
nos programa como seres sociales, para vivir en medio de la muchedumbre, tratando
de alcanzar una buena vida. Pero, al final de la existencia, nos
programa para quedarnos solos. En
verdad, los tantos seres queridos con que peregrinábamos juntos, en la temporal
travesía de la vida, unos: se fueron para siempre, otros: cogieron rumbo
distinto, en busca de un mejor destino. Y es que, la frágil soledad
agobia, un estremecedor mutismo invade, añorando la presencia de unos y otros.
Extrañamos las voces apagadas de los que ya no están, y de los que estando, nos ignoran. Hace falta su
amigable compañía ¡Así es la vida!
Civilidad: Mil gracias a quienes tienen la amabilidad de leer
estas amorosas y reflexivas líneas, teniéndome en su pensamiento, mañana 5 de
enero. Que Dios nos bendiga.
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