Es cierto, en cualquier acto
de la vida cívica, se requiere el dominio de la escritura. Estimaciones
resientes calculan que en Colombia hay aproximadamente 1.8 millones de personas analfabetas. De
allí que, en el contexto de escribir, significa más que conocer el abecedario,
saber juntar las letras para redactar una frase. Es una tarea ardua, porque es
como edificar una casa. No
solo en el sentido literal, colocar ladrillo a ladrillo con cimientos sólidos y
bien diseñados. Igualmente, quienes escribimos, quedamos indefensos ante la hoja en blanco, con miedo a la página vacía y, ansiosos por
no tener ideas o por hacer algo mediocre.
Entonces, me valgo del arte de la ebanistería y
la culinaria para explicar este tema. En general, la formación en la escritura se
aprende escribiendo. La que adquirimos, la mayoría es fragmentaria, por no
decir pobre; redactar y
revisar en un ir y venir. Algunas personas creen que los
escritores nacen. No hay tal. Así como el carpintero aprende a tallar la madera.
Así mismo, el vocablo escritor no tiene ningún misterio ni un prestigio
inmerecido. Cualquier persona que hable, hablador, puede escribir lo que dice. Es
válido decir, que lo mismo sucede con la sazón en la tradición culinaria en un
variado menú. Adobar los productos y aprender a cocinar las letras,
combinándolas para que resulte un buen plato, preparando las ideas para un
excelente escrito. “Lo que no es tradición es plagio”.
Los seres humanos somos
distintos; pero, el estilo es al autor, como el carácter es a la persona. De
niño me enseñaron las primeras letras (a, e, i, o, u) y luego el abecedario. Con
el transcurrir del tiempo, aprendí a unir las letras para formar palabras
cortas y básicas, construyendo oraciones gramaticales: “mi mamá me ama”, “yo
amo a mi mamá”. Y así, comprendí que podía leer lo que escribía y amar a quien
quería. Tiempo después, tuve la facilidad de leer, comprender y memorizar la
longitud de las frases. Así recuerdo ese impulso inicial, que siguió con la
comprensión de lectura y, a entender la primera vez que leía. Eran mis primeros
pasos, porque escribir es el proceso de transformar los pensamientos en letra
impresa.
Sin equívoco, la lectura es el pilar para
desarrollar habilidades de escritura, ya que amplía el vocabulario, mejora la gramática, la
ortografía, y enseña estructuras narrativas y estilos. A diario recibo
mucha influencia, de la lectura de periódicos, revistas y libros; pero aún, los
preparativos no están todavía hechos para meterlos al horno. Falta mucho para
describir las estrategias cognitivas que se utilizan para escribir. Hay que rebuscar
las ideas que surgen de la reflexión, la conversación y
entornos que
estimulan la mente, como un proceso natural de asociación mental y creatividad
de quien redacta y escribe. Es el uso de recetas en la
composición de ideas que desembocan en la elaboración de un escrito con buena
redacción. Así que el aprendizaje no se queda atrás, porque sigo manejando la
preocupación por mejorar mi comunicación escrita. Así como el artista, tallador
de madera vuelve y pule porque el tallado inicial deja una superficie rústica
que necesita ser alisada y acabada con lijado y pulido. Igualmente, en conjunto considero, sin pretender ser exhaustivo, que parte de
este escrito, lo que busca, en este año que inicia, es poder lograr una
escritura más eficaz, clara, correcta, para plasmar mis ideas. Por
ello, corrijo exhaustivamente a
menudo cuando escribo, para pulir el texto, detectar errores que mi mente pasa
por alto, asegurando que llegue a los lectores en su mejor versión. Es pues, todo
un proceso vital para transformar un borrador en una obra acabada y efectiva.
Civilidad: La importancia de escribir bien, radica en la necesidad de restaurar el valor
comunicativo de nuestras ideas.
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