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sábado, 27 de diciembre de 2025

28 de diciembre...

   

Estamos en vísperas de terminar el año, faltando solamente tres días para inaugurar el 2026. Otro año que pasa y otro que llega. Y hoy domingo 28, celebramos, el Día de los Santos Inocentes, fecha tradicionalmente marcada por bromas, inocentadas y noticias periodísticas falsas (inocentes) que se comparten entre amigos, familiares y medios de comunicación.

Quien esto escribe, camina rozagante por el octavo piso de la vida y, como dicen las señoras: “todavía luce muy saludable, vital, vigoroso y con buen aspecto físico” Es decir, que, a pesar de mi edad, aún muestro energía, frescura y buena salud. ¡Gracias, Dios mío”!

Pero, cuando hecho la mirada atrás, a la vera del largo camino ya recorrido, me doy cuenta que este octogenario se ha ido quedando solo. Son contados los amigos que, distantes me siguen y, escasos son los que aun, permanecen delante de mí perdurando en esta travesía de la vida.

Con la dignidad de las canas que otorga la vejez, salgo como era rutinario a contemplar la ciudad, a recorrer sus hidalgas calles, y a otear la vieja “banca de las palomas caídas” del añoso parque de Caldas, Allí hablábamos de infinitas cosas. Con frecuencia, hablábamos sólo por hablar, sin querer advertir que nos decíamos frases mil veces dichas. Pero, hoy ¡que tristeza!, ninguno de mis amigos ha salido. No volvieron mis viejos interlocutores. ¿Dónde están mis amigos? ¿Dónde se reúnen? Como adicto a la charla, los busco y encuentro vacío ese refugio de los antiguos jubilados. Donde están, que se hicieron mis coetáneos amigos. ¡Se han ido… al más allá! Perplejo, en medio del panorama tan hostil, regreso a casa para mantener una conversación conmigo mismo. Y me siento a cavilar. Me doy cuenta, que el tiempo era otro; no sé cómo, pero era otro; no pasaba, o pasaba de otra manera; no estaba en los astros ni en las cosas. Era, sencillo y, oscuramente, un tiempo sin tiempo que excluía el aburrimiento. Comprendí entonces algo. Tuvieron que pasar los años, mucho tiempo, para poder descubrir semejante maravilla: que uno de los asombrosos milagros que la vida otorga, con que la vida nos premia, es tener el inmenso privilegio de llegar a viejo. Ahora tengo la valentía de ser viejo, aunque en esta dura caminata terrenal, mi amada esposa no esté a mi lado. Ahora entiendo, que el final de mi existencia estaba programado para quedarme solo, tal cual vine a este mundo, a encontrarme conmigo mismo en estos tiempos de ruido y ritmo frenético. A pesar de todo, la vida ha sido generosa conmigo. Mezquino e ingrato fuera si no diera crédito al desprendido reconocimiento en este ciclo octogenario de mi vida con los inconvenientes en la soledad, puesto que toda moneda tiene dos caras. 

Elogio mi vida retirada, bendita sea mi condición de abuelo, estado venerable que por sí solo basta, por la gesta creadora de los hijos y la presencia tierna y amorosa de los nietos y bisnietos, para considerarme, un anciano dichoso y feliz.

 

Feliz, porque el germen y caos nacionales no han hecho metástasis en Popayán con efectos lamentables ni con el Cristo de espaldas para Luis Fernando Velasco a quien han declarado inocente.

Hoy estamos sobreexcitados también, porque las noticias internacionales afirman que el abogado Vladimir Putin, presidente de Rusia y Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania acaban de afirmar: “adiós a las armas”

Además, la noticia tranquilizante, del día: el presidente ¡Donald Trump y, el volcán Puracé son muy parecidos: ¡solo amenazan!

Y la noticia bomba: ¡Colombia concede asilo político a Nicolás Maduro!

Civilidad: En el santo día de inocentes: pensemos con el anhelo.


 

 

  

 

 

 

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