Estamos en vísperas de
terminar el año, faltando solamente tres días para inaugurar el 2026. Otro año
que pasa y otro que llega. Y hoy domingo 28, celebramos, el Día de los Santos Inocentes,
fecha tradicionalmente marcada por bromas, inocentadas y noticias periodísticas
falsas (inocentes) que se comparten entre amigos, familiares y medios de
comunicación.
Quien esto escribe,
camina rozagante por el octavo piso de la vida y, como dicen las señoras:
“todavía luce muy saludable, vital, vigoroso y con buen aspecto físico” Es decir,
que, a pesar de mi edad, aún muestro energía, frescura y buena salud. ¡Gracias,
Dios mío”!
Pero, cuando hecho
la mirada atrás, a la vera del largo camino ya recorrido, me doy cuenta que
este octogenario se ha ido quedando solo. Son contados los amigos que,
distantes me siguen y, escasos son los que aun, permanecen delante de mí perdurando
en esta travesía de la vida.
Con la
dignidad de las canas que otorga la vejez, salgo como era rutinario a
contemplar la ciudad, a recorrer sus hidalgas calles, y a otear la vieja “banca
de las palomas caídas” del añoso parque de Caldas, Allí hablábamos de
infinitas cosas. Con frecuencia, hablábamos sólo por hablar, sin querer
advertir que nos decíamos frases mil veces dichas. Pero, hoy ¡que tristeza!,
ninguno de mis amigos ha
salido. No volvieron mis viejos interlocutores. ¿Dónde están mis amigos? ¿Dónde
se reúnen? Como adicto a la charla, los busco y encuentro vacío ese refugio de
los antiguos jubilados. Donde están, que se hicieron mis coetáneos amigos. ¡Se han
ido… al más allá! Perplejo, en medio del panorama tan hostil, regreso a casa
para mantener una conversación conmigo mismo. Y me siento a
cavilar. Me doy cuenta, que el tiempo era otro; no sé cómo, pero era otro; no
pasaba, o pasaba de otra manera; no estaba en los astros ni en las cosas. Era,
sencillo y, oscuramente, un tiempo sin tiempo que excluía el aburrimiento. Comprendí
entonces algo. Tuvieron que pasar los años, mucho
tiempo, para poder descubrir semejante maravilla: que uno de los asombrosos
milagros que la vida otorga, con que la vida nos premia, es tener el inmenso
privilegio de llegar a viejo. Ahora tengo la valentía de ser viejo, aunque en
esta dura caminata terrenal, mi amada esposa no esté a mi lado. Ahora entiendo,
que el final de mi existencia estaba programado para quedarme solo, tal cual
vine a este mundo, a encontrarme conmigo mismo en estos tiempos de ruido y
ritmo frenético. A pesar
de todo, la vida ha sido generosa conmigo. Mezquino e ingrato fuera si no diera
crédito al desprendido reconocimiento en este ciclo octogenario de mi vida con
los inconvenientes en la soledad, puesto que toda moneda tiene
dos caras.
Elogio mi vida retirada, bendita sea mi
condición de abuelo, estado venerable que por sí solo basta, por la gesta
creadora de los hijos y la presencia tierna y amorosa de los nietos y
bisnietos, para considerarme, un anciano dichoso y feliz.
Feliz,
porque el germen y caos nacionales no han hecho metástasis en Popayán con
efectos lamentables ni con el Cristo de espaldas para Luis Fernando Velasco a
quien han declarado inocente.
Hoy estamos sobreexcitados también, porque las noticias internacionales
afirman que el abogado Vladimir Putin, presidente de Rusia y Volodímir Zelenski,
presidente de Ucrania acaban de afirmar: “adiós a las armas”
Además,
la noticia tranquilizante, del día: el presidente ¡Donald Trump y, el volcán
Puracé son muy parecidos: ¡solo amenazan!
Y la
noticia bomba: ¡Colombia concede asilo político a Nicolás Maduro!
Civilidad:
En el santo día de inocentes: pensemos con el anhelo.

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