¿Qué
decir en Navidad? Que el espíritu navideño ilumine
nuestros corazones y que la alegría acompañe durante todo el nuevo año a mis
lectores, amigos y familiares.
Otro
año que se va y, otro que llega. Que rápido pasan los años, cuantas cosas han
pasado. Unos días alegres y otros más afligidos. Aquí en mi alma, la angustia
profunda, todo ha cambiado; pero no la he olvidado, pues, siempre la llevo conmigo.
Sigo enamorado, reconociendo el dolor como parte del amor.
He vuelto a colocar las lucecitas del árbol de
Navidad que simboliza la luz de Cristo, sintiendo, que ella está aquí con su
sonrisa y la alegría. Tiempos felices que no volverán. He armado también el tradicional pesebre como una forma de fe, en
devoción familiar, cuyo significado profundo radica en recordar el nacimiento
de Jesús, como un evento central de cristiandad, destacando la humildad de la
Sagrada Familia y la adoración de pastores y Reyes Magos.
Cada arreglo navideño me parece
que habla de ella. Siento que esta junto a mí.
Al expresar el vacío por quienes faltan, siempre me surgen los mismos
pensamientos cuando llegan estos días. Otro año más de recordación. El tiempo
pasa, pero los recuerdos permanecen. Una vez más, otra Navidad. Ha llegado la
Navidad, y yo sin ti, en esta soledad, recuerdo el día que te perdí. Otra
Navidad, otro año más sin ti. Seguiré repitiendo:
El tiempo no borra mi amor, solo la muerte lo acabará. Solo sé que tu alma
buena, en ese sueño eterno, se encuentra ante la presencia de Dios. Por ello,
en esta Navidad brindo por tu felicidad eterna.
El síndrome de la “Silla vacía” es un
conjunto de síntomas o condiciones que ocurren sugiriendo la ausencia de un ser
amado. Es el desafío emocional donde la alegría
festiva choca con la ausencia, intensificando la tristeza. Y, “exorcizar
las penas”, no son dos simples metáforas, es mi forma de expresar la liberación
del alma de la tristeza a través de la oración. Siempre
esta temporada será difícil para quienes hemos perdido a alguien especial y, aunque
pueda ser difícil celebrar, pienso que estas fechas sirven para recordar los
buenos momentos, evocando la vida del ser querido.
El
duelo en Navidad se intensifica por la atmósfera festiva. Sin embargo, la
tristeza en Navidad por la pérdida de un ser querido es normal y hay que
afrontarla. Aceptar las emociones encontradas, con resiliencia familiar para
resistir y recuperarse del trauma y de la pérdida. Crear nuevos rituales para
honrar su memoria, aunque la ausencia del ser amado siga siendo perturbadora. Las
tradiciones navideñas suelen ser demasiado dolorosas, pero hay que hacer ajustes para que la celebración
sea más llevadera. Por ejemplo, cambiar algunas actividades o incluso crear
nuevas costumbres que nos permitan honrar la memoria del ser querido, compartiendo
historias de su vida o dedicando un momento de reflexión, son pequeños gestos
que pueden hacer que la Navidad se sienta más personal y menos sobrecogedora.
Ciertamente,
el tiempo no facilita la curación y la recuperación de las fuerzas para vivir y
amar plenamente. En estas fechas intensas,
como terapia del duelo, encendamos una vela en
su nombre para compartir recuerdos, sin olvidar que es válido sentirse abrumado
para procesar el duelo individual. El duelo es el precio que pagamos por
querer.
Civilidad: En esta época de
alegría y celebración, para quienes hemos perdido a un ser querido, pidamos que, la
magia de la Navidad ilumine nuestros corazones, aunque ahora la vida se sienta
diferente ¡Feliz Navidad!

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