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sábado, 12 de junio de 2021

Aclarando cositas


 

Una necesaria precisión: el gobernador del Cauca, es el Dr. Elías Larrahondo, elegido con una votación de las más altas en la historia, superando por más de 30 mil votos a su inmediato contendor. Gobierna sin abominaciones ni denuestos, mediante: diálogo y concertación. Es el primer negro en regir uno de los departamentos más violentos del país, donde los grupos al margen de la ley se acentuaron desde hace más de 60 años. 

No afirmen en forman maledicente que hay desgobierno en el Cauca. Ni que fue él, quien empujó a blancos y mestizos del Cauca, para que perdieran el poder hace 37 años. Son los indígenas quienes, con sus habituales bloqueos a la Panamericana, arrodillaron a siete presidentes y 31 ministros del Interior aceptando sus exigencias. A los indígenas no les interesa ese cargo. De por sí, ellos tienen más poder que un gobernador. Todo, lo han conseguido gratis: salud, educación, manutención mensual sin trabajar, no pagan impuestos, sus tierras llenas de coca, no contentos con eso, salen a destrozar y a bloquear vías. Además, con Floro Tunubalá, obtuvieron esa dignidad, mediante el voto popular directo, sin que hubieran logrado los beneficios que ganan atrancando la Panamericana.

En Colombia, los gobiernos del pasado han cometido muchos errores y pocos aciertos, dejando un escenario enredado que debe servir de espejo para el futuro. Ante tantos problemas, sin soluciones y pocas oportunidades, protestar y vandalizar no es suficiente. Y revocar o tumbar mandatarios genera más crisis.   Lo que exige esta frágil democracia, es la participación masiva del electorado bien informado para que elija bien. O que, en las urnas, mediante su voto castigue una mala gestión. La solución es votar masivamente en las elecciones, para salir de la confusión, el miedo y la frustración, con la esperanza de consolidar la democracia y recuperar la estabilidad de esta patria adolorida.

Pero, gobernar no es fácil. En términos pragmáticos, para generar condiciones de gobernabilidad y gobernanza, se requiere equilibrio entre la demanda social y la oferta Estatal, cosa nada fácil en este país con problemas represados de pobreza y corrupción. 

El problema de la inseguridad, es muy enredado; pero, cualquier camino que se adopte, si se aspira a un mínimo de seriedad y eficacia, no puede quedar por fuera el fortalecimiento a los policías, que también son colombianos que arriesgan su vida todos los días a cambio de un sueldo miserable y malos tratos. Una óptima relación entre policía y ciudadano garantiza la tranquilidad y el orden. Entonces, una sociedad civilizada tiene el privilegio de moldear a la policía y no al revés. 

Gobernar, es difícil, porque, la ciudadanía, que se va educando, aunque lentamente, cada vez exige más, pero debe decidir sobre la base de datos y evidencias de gobernantes probos y eficientes, con la complicidad de un periodismo serio e independiente.

Hemos sido testigos del vandalismo que rodea las marchas y protestas legítimas organizadas por una dirigencia sindical politizada.  Sin embargo, quienes vandalizan no pagan los daños. Entonces, ¿quién paga? No son los invitados a la fiesta, ni los organizadores, ni los encapuchados. Es el Estado el responsable de repararlos, que finalmente, el Estado somos todos. Es el grupo de personas que viven en el territorio colombiano, quienes, pagando los impuestos, asumen los daños. Así de simple. 

Y, es que, después de la gente de clase alta (los ricos), el segundo impacto recae sobre la clase media (en vía de extinción) en cuya franja están cuatro de cada diez hogares del país. Clase media que gana entre 1,9 y 9,3 millones de pesos mensuales en hogares típicos de tres integrantes. O sea, aquellos hogares en los que por cada miembro que tenga un hogar, ganan entre 0,6 y 3,1 millones de pesos mensuales.

Ahora bien, la economía colombiana a causa del Covid-19 en el 2020, tuvo la contracción más profunda de su historia. Después, con el estallido social y, en los 47 días que corren, estamos en una verdadera paradoja con marchas y protestas, desde cuando se convocó el paro nacional. Esa lucha social que buscaba tumbar la megarreforma tributaria para recaudar 30 billones de pesos, logró que se cayera. Paradojalmente, en este momento, hay muchos más motivos que hacen absolutamente necesaria una reforma estructural. De allí que, los propósitos del paro, no nos inmunizan de los impuestos ni de pagar los daños. Es inevitable que el país ingrese por una espiral de bajo crecimiento, alto desempleo y pobreza en los próximos años. Así que, sin equívoco alguno, alistémonos para pagar los platos rotos, resultando peor el remedio que la enfermedad.

Civilidad: Consolidar la democracia, está en la conciencia política de los ciudadanos.

 

 

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