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domingo, 19 de enero de 2020

El otoño feliz


Con el Poeta Mario de Andrade, repito: “He contado mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora”.

Con los años a que ha llegado, comencé a fijarme en las cosas positivas como el calor del hogar, el estar más tiempo en casa, las conversaciones con el sabor de un café recién hecho. Así se me pasó el otoño sin darme cuenta, ahora vivo feliz esta nueva etapa de la vida. Mi actitud positiva le ha añadido años de vida para lograr conquistar la edad madura. Queda faltando la última etapa. Y, aunque suene a falsedad, pero entre más se acerca la hora, más feliz me siento. En nuestra cultura occidental reina la incapacidad para aceptar la muerte como parte natural de la vida. De allí, que para quienes la muerte acecha, piensan principalmente en la tristeza y el terror, pero resulta que morir es menos triste y aterrador -y más feliz- de lo que la gente cree. Aunque yo no haya muerto todavía, la puerta está abierta. Me alegro de la lluvia, me alegro del viento y, me rio del fantasma de la muerte.

Me niego a creer que haya llegado a la edad provecta, por eso, ya no cumplo años, sino que festejo los que me faltan. Vivo contento. No me estreso y, no tengo las preocupaciones como cuanto tenía 20 años. A mis años, me resbalan las expectativas, o las metas y, eso produce tranquilidad. Para algunos de mis coetáneos amigos, la vejez es sinónimo de dolores: artritis, arrugas, pérdida de vitalidad y memoria, pues la naturaleza es sabia al producir cambios psicológicos.
Con los golpes que da la vida, se aprende a manejar las emociones. En cortas palabras, la vejez concede sabiduría. Las largas calendas, nos trae la experticia para manejar las emociones negativas. La clave es no caer en el equívoco de que lo peor está por llegar. El tiempo tiene su manera espacial para tomarnos desprevenidos al paso de los años.
En efecto, la juventud se vive con mucha ansiedad. Ahora, ya no tenemos zafarranchos en discotecas y bailes. Ahora las rebambarambas son en la Nueva EPS, en las clínicas u hospitales. Las conversaciones con mujeres para encuentros furtivos, ahora son solo para recordar. A todas éstas… “que se hizo aquella”. Las charlas ahora son sobre “cómo poner el aguijón de avispa” para combatir los achaques de espalda, reumáticos, reflujos, y el alzhéimer, preguntando: “Cómo se llama la pastillita para…” Pero, en tiempos que se fueron, decíamos: ¿qué estas tomando? ¿Cerveza, aguardiente, ron o whisky? Ahora respondemos: estamos tomando… medicamentos para la próstata, el lumbago, la presión arterial, el colon. Y el alcohol ahora es… frotadito.

No necesito decir cuántos años tengo, ni me los quito tampoco. Pues, mi pelo blanco me delata. Pero, aún puedo reír a carcajada limpia, aunque algunas veces no alcance a escuchar lo que dicen de mí. Tengo los suficientes años para decir las cosas que ya no me agradan como: la congestión vial, el indebido uso del “Parque de Carpas” y el mal trato que le dan a mi querida ciudad; los ruidos que hoy llaman “música”. Tampoco me gustan las mentiras políticas que ensombrecen a mi país, ni otras tantas que ya ni recuerdo. 
Lo que no se borra de mi mente, recuerdo y añoro, son los anticuados y buenos modales; el respeto por los símbolos nacionales y, el auténtico sentimiento patriótico.  Tengo retentiva por el buen lenguaje, dedicación por la literatura, respeto por la esencia de la escritura. Y, antes de dejar escapar pensamientos cuido la imagen con buena ortografía. Pero eso sí, las sanas ambiciones y el buen gusto de mi juventud todavía existen en mí. En la juventud aprendí, pero en la edad dorada comprendo.

Termino diciendo que el corazón no envejece. Que deseo seguir viviendo al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Mi propósito es llegar hasta la última etapa complemente satisfecho como hasta ahora. Aspiro a llegar en paz con mi familia y con mi conciencia. Siempre he tratado de ser un buen señor, pero en adelante pretendo ser mucho mejor.  

 Civilidad: Longevidad y felicidad van de la mano.


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