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sábado, 5 de noviembre de 2022

En tu cumpleaños

 



Hoy cumplirías

un año más de vida

celebraríamos este día

Amada esposa mía

 

Mi voz herida

Te reclama

En este invierno

cuando tú me faltas

 

Un año más de tu partida

En este invierno que hiela

Estoy sin tu dulce compañía

,

Con la melancolía del barco en tierra

Veo tu silueta en mi ventana

Es la soledad y la inclemencia

 

A tres años de tu partida

no sanan mis heridas

ni la misma muerte

 me separa de ti.

 

HDG. Rio Blanco 05/11/2022

sábado, 29 de octubre de 2022

¡Ay, qué tiempos, señor don Simón!

 


Con un poco de nostalgia escribo estas líneas narrando pasajes de otras épocas para recuerdo de los viejos y conocimiento de los jóvenes, ojalá para mirar con ojos nuevos las antiguas costumbres y creencias. Al rayar el alba, cuando la montaña despierta abrazada bajo el vuelo fantasmal de la bruma, contemplo desde mi ventana, al abuelo Puracé, majestuoso ante mis ojos. Sus frecuentes fumarolas, dejan la puerta abierta al contacto con increíbles fuerzas interiores, dando rienda suelta a mi inspiración, proporcionándome temas sobre los que escribir, ideas para empezar esta lejana historia.

Aprendí a escribir en pizarra y entendí que hay que leer mucho, leer buenas obras. Clásicos de la literatura que aguantan el paso de los años y, también la literatura contemporánea que tiene obras buenísimas.

Hasta los años cuarenta, circulaban monedas de plata 0900 con valor intrínseco. Hoy cargamos en nuestros bolsillos monedas fabricadas con metales poco valiosos, dando lugar, en ocasiones, a la inflación (situación producida el aumento exagerado de la emisión de moneda o aumento continuado de sus valores físicos) Conocí las monedas de I, II, V, centavos y, también, los pequeños billetes de 50 centavos. Vaya, tiempos aquellos en que recibíamos V centavos para el recreo. Y con esta moneda, en la tienda de la escuela pública, se compraba: una gelatina de pata, un bocadillo, una melcocha y un pambazo. En la escuela pública, daban en medias nueve y entredía, un vaso de leche y una ración de queso importados junto a un pambazo (hoy, PAE, programa de alimentación escolar). Cuando narro la educación del tiempo de antes, me estoy refiriendo a los maestros totalmente respetables y respetados de aquella época. Tiempos en que, padres de familia y sus alumnos les guardaban respeto por su apariencia integral. Total, porque, además de saber transmitir sus conocimientos, poseían otras dos funciones esenciales: el lenguaje y la presentación personal. Antiguamente, era obligatorio aprender las tablas de multiplicar, como registro básico para poder hacer cálculos. Había que estudiar mucho para los exámenes y poder pasar de un grado a otro. La educación era muy dura, pero el estudiante salía mejor preparado que en estos tiempos. Las materias que enseñaban, eran diferentes a las que hoy tienen. Enseñaban escritura con método Palmer; geografía, historia de Colombia e historia Universal, Ética, Urbanidad de Carreño; manualidades, Dibujo y Catecismo del jesuita Gaspar Astete.  Hoy en día, el hombre medio parece haber perdido la clave de su propio ser; el denominador común de credo y ritual.

Al referirme a la "apariencia” es que, todo buen docente, no solamente debe ser digno y competente en su profesión. Retrocedo en el tiempo, para recordar el porte, el tono de voz, la personalidad, el estilo de vestir y la forma de dialogar de cada maestro que por fortuna tuvimos los de ayer. Estoy convencido que mis leyentes, siempre recordaran al maestro que les marcó la diferencia con alguna particularidad en su estilo de vida, hábitos, moda y actitudes. Qué tiempos aquellos, cuando no se compraban los títulos, ni se plagiaban tesis.

Civilidad: Qué tiempos estos, de prácticas de brujería con variados y sorprendentes episodios, obligando a ofrendar ante los demonios a sus propios hijos.

 

 

domingo, 23 de octubre de 2022

El movimiento de las estatuas

 



Quienes escribimos sobre héroes y personajes ilustres de nuestra historia, estamos obligados a ceñirnos a la verdad. Aunque, al narrar las peripecias de un cualquiera, se nos permita la inventiva, estimulando la imaginación.  Volvieron válida la proverbial memoria de los cínicos que gritan que las virtudes deben olvidarse para cantar a los cuatro vientos, sus vicios en público. Quienes nacimos en esta bella Popayán no podemos borrar lo que somos, porque “Todo el mundo es Popayán”. Lastimosamente quienes tienen mala sombra, viviendo aquí, sentencien la ciudad afirmando que: “Popayán es un mierdero”.

Ese dilema de algunos, resulta más grave cuando por falta de ambición, la convertimos en un manto de tristeza, de medianía insoportable, lentificando el progreso de la ciudad. Me temo que es lo que ocurre en Popayán. Veamos, la densificación acelerada, conllevó a la expansión de la ciudad, permitiendo que la movilidad se vuelva una contrariedad, que obliga a los transeúntes a invertir más tiempo, haciendo más largas las distancias para llegar a su destino: residencia, trabajo o estudio. Es un fenómeno, latente en Popayán, convertido en un reto para el gobierno local. No podemos negar que la congestión vehicular es por cuenta de las obras viales. Todas necesarias dado el crecimiento del parque automotor particular. De donde surge la impaciencia de los iracundos usuarios por la carencia del transporte público organizado.

Vivimos en un provincianismo hiriente confundiendo el amor por el pueblito viejo.  Exaltados, abundamos en rencores personales despreciando todo lo que brota en la ciudad. Una cosa es que los patojos estemos prevenidos sobre la destrucción de la historia y la memoria, representadas en estatuas y monumentos. Y otra cosa muy distinta, es que, con ilusión y amor exacerbado nos defendamos del odio a Popayán. Pensarán que soy catastrófico con la valoración de la realidad actual, pero es fruto de la condición autodestructiva que nos rodea ¡Es verdad! Por desgracia, los hechos son forzosos.

“Recordar es vivir”, suele ser peligroso. En muchos casos, esa práctica nos crea aversión al presente, generando un efecto opuesto al que estábamos buscando. Ya no nos estimula para actuar con energía y entrega, mirando el ayer, para agradecer el presente. Se convirtió en una pesadilla recordar el camino que nos trajo hasta el día de hoy.  No valoramos lo que tenemos, ni las posibilidades que tiene Popayán, incluso en medio de la adversidad.  

Popayán está cargada de historia; los monumentos y estatuas de nuestros próceres son sagradas. La ciudad posee un catálogo de esculturas, incluida una ecuestre y son el lenguaje que comunican o evocan visiones pasadas, revelando hechos y personajes que predominaron en su momento histórico.  Fueron ubicadas unas con más consenso que otras, en gratitud a los próceres. De todas maneras, son un legado a la posteridad. De eso vive Popayán. Pero ello, no es óbice para reconocer que el espacio público donde las ubicaron en su época, hoy son un obstáculo, generadores de trancones vehiculares ¡La ciudad necesita progresar! Entonces, llegó el momento, de reubicar las estatuas sin desconocer su pasado glorioso y la historia. Sin embargo, el día que demuelan las estatuas, sus muros y las cúpulas, Popayán, será un pueblo de nadie.

Civilidad: Muros, fachadas y, pinceladas crepusculares de Popayán, son fuente de inspiración que abruman la existencia. HDG