Votar es un derecho que ejercer y un deber que cumplir de modo
responsable. Algunos ciudadanos se sienten inclinados a abstenerse de
votar por el ambiente enrarecido en que se mueve la élite política.Yes
que, no es para menos, porque aún retumba ese grito del inmolado
caudillo Jorge Eliecer Gaitán: “Por la restauración moral y democrática
de la República: ¡A la carga!”. Pero la democraciahay que sostenerla,
ose cae,por el mal ejercicio del derecho a elegir. En ese sentido el
Liberalismo y Conservatismo antiguos y tradicionalistashan sido pilares
defensores de la democracia colombiana. En 1991 nació el
multipartidismo, sin embargo, la democracia se volvió más frágilpor la
polarización que sabemos cómo empezó, pero no como terminará.
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domingo, 4 de marzo de 2018
domingo, 14 de enero de 2018
Así se llamaba nuestro conquistador | El Nuevo Liberal
Así se llamaba nuestro conquistador | El Nuevo Liberal
Buscando el camino de la verdad y, rebuscando en la historia, leí
algunos cronistas la forma en que describen al famoso “Adelantado”,
bautizado con el nombre de Sebastián Moyano y Cabrera, de familia
humilde. Nacido en el año 1480 en la localidad de Belalcázar, pero que
tiempo después, cambió su apellido Moyano por Belalcázar, debido a que
estando en la América española, quiso tener como recuerdo su tierra
natal.
Buscando el camino de la verdad y, rebuscando en la historia, leí
algunos cronistas la forma en que describen al famoso “Adelantado”,
bautizado con el nombre de Sebastián Moyano y Cabrera, de familia
humilde. Nacido en el año 1480 en la localidad de Belalcázar, pero que
tiempo después, cambió su apellido Moyano por Belalcázar, debido a que
estando en la América española, quiso tener como recuerdo su tierra
natal.
sábado, 23 de diciembre de 2017
Popayán, la ciudad de los apodos | El Nuevo Liberal
Popayán, la ciudad de los apodos | El Nuevo Liberal
Mi dilecto profesor de literatura, Jesús Arcos Solano, me hizo recordar a
mi amada Popayán cuando teníamos la costumbre de llamar a cada persona
por su apodo. Aquí el apodo se heredaba de padres a hijos. Años atrás,
cuando aprendimos a escribir en pizarra, el remoquete, era moda. A las
personas se les reconocía más por la “chapa” que por el nombre de pila. Y
no era por falta de cultura, ésta era innata, aunque pocos podían
ilusionarse por una carrera universitaria. Los profesionales se contaban
en los dedos de las manos y sobraban dedos. Ahora pululan
universidades, pero se acabó la cultura, el ingenio y los motetes que
con orgullo se aceptaban. Las personas por cualquier cosa que hicieran o
dijeran, se ganaban un apodo.
Mi dilecto profesor de literatura, Jesús Arcos Solano, me hizo recordar a
mi amada Popayán cuando teníamos la costumbre de llamar a cada persona
por su apodo. Aquí el apodo se heredaba de padres a hijos. Años atrás,
cuando aprendimos a escribir en pizarra, el remoquete, era moda. A las
personas se les reconocía más por la “chapa” que por el nombre de pila. Y
no era por falta de cultura, ésta era innata, aunque pocos podían
ilusionarse por una carrera universitaria. Los profesionales se contaban
en los dedos de las manos y sobraban dedos. Ahora pululan
universidades, pero se acabó la cultura, el ingenio y los motetes que
con orgullo se aceptaban. Las personas por cualquier cosa que hicieran o
dijeran, se ganaban un apodo.
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