Ya
llega el 31 de octubre, fecha que debe recibirse con auténtica felicidad,
especialmente por los niños, protagonistas de una jornada de disfraces,
golosinas, juegos y sorpresas. Pero también es una oportunidad para
preguntarnos cómo podemos celebrar esta fecha sin olvidar nuestras raíces y el
valor de la identidad colombiana.
En
Colombia, el llamado Día de los Niños se ha convertido en una
celebración popular que combina la alegría infantil con costumbres conocidas
internacionalmente como Halloween. Aunque esta tradición tiene antecedentes
históricos europeos y ha evolucionado de distintas maneras, su expansión en
nuestro país se debe al impulso considerable de los medios de comunicación, la
publicidad y la globalización.
No
hay necesidad de renunciar a lo propio para disfrutar de lo que viene de
afuera. Colombia posee una extraordinaria riqueza cultural, resultado del
encuentro de tradiciones indígenas, africanas, españolas y de muchas otras
influencias que han contribuido a formar nuestra identidad. Entonces, ¿por qué
no aprovechar esa diversidad para darle a la celebración un sabor
auténticamente colombiano?
La
invitación es sencilla con dos temas: que los niños disfruten, se disfracen,
compartan golosinas dando rienda suelta a su imaginación, en tanto que, los
adultos les enseñamos a valorar nuestras costumbres, nuestros personajes,
nuestras leyendas y la riqueza de las tradiciones que tenemos en las regiones.
La diversión no tiene por qué reñir con la identidad cultural.
La
influencia de los medios de comunicación
La
publicidad, la televisión y las redes sociales han contribuido a popularizar
imágenes, personajes y costumbres de Halloween. No obstante, corresponde a las
familias y a las instituciones educativas orientar a los más pequeños para que
comprendan que celebrar también puede ser una oportunidad para aprender, crear
y compartir.
Lo
esencial es que esta jornada promueva la alegría, la unión familiar, la
creatividad y el respeto por la diversidad cultural. Que los recuerdos de cada
celebración permanezcan en la memoria y en el corazón, no por el temor o el
misterio, sino por la felicidad de haber compartido.
Valorar
lo nuestro no significa aislarnos del mundo. Significa dialogar con otras
culturas sin perder de vista aquello que nos identifica como colombianos.
Nuestra biodiversidad, nuestras expresiones artísticas, nuestra gastronomía y
nuestras tradiciones son un patrimonio que merece y debe transmitirse de
generación en generación.
¡Que comience la fiesta, que sonrían los
niños y que viva la tradición colombiana!
De
los disfraces a la solemnidad religiosa
Nuestro
almanaque nos lleva, además, a otras fechas de significado especial. El 1.º de
noviembre que, la Iglesia católica celebra el Día de Todos los Santos,
es una festividad dedicada a honrar a todos los santos, tanto a aquellos
reconocidos oficialmente por la Iglesia como a los que no tienen una
celebración particular en el calendario litúrgico.
Al
día siguiente, el 2 de noviembre, se conmemora el Día de los Fieles
Difuntos, una jornada dedicada a la oración por quienes han
fallecido. En la tradición católica, es la ocasión para recordar a nuestros
seres queridos y orar por ellos.
En
Colombia, muchas personas visitan los cementerios, llevan flores y evocan con
afecto a familiares y amigos que ya partieron. Son expresiones de una memoria
familiar que permanece viva y de un vínculo afectivo que trasciende la
ausencia.
Así,
que entre la alegría infantil del 31 de octubre y el recogimiento de los
primeros días de noviembre, encontramos distintas maneras de celebrar, recordar
y expresar nuestros sentimientos. Cada fecha tiene su significado y merece ser
comprendida y vivida con respeto.
Civilidad, según HDG: Las tradiciones en esta
bella Colombia forman parte de nuestra identidad cultural; conservarlas y transmitirlas
a las nuevas generaciones es responsabilidad de todos.

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