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domingo, 14 de junio de 2026

No hay nuevos símbolos

 


Quien escribe esta columna recuerda a los amables lectores que, desde que tiene uso de razón, no ha existido en Colombia la adopción oficial de nuevos símbolos patrios distintos de aquellos que históricamente nos representan. La bandera tricolor, el escudo nacional y el himno de la República constituyen los emblemas oficiales de la Nación, reconocidos y protegidos por la ley.

Por lo tanto, no existe ningún otro símbolo al que deba rendírsele el mismo honor y respeto institucional. Sin embargo, en los últimos años ha cobrado una fuerza extraordinaria la camiseta de la Selección Colombia, que, si bien no es un símbolo patrio en el sentido jurídico de la palabra, sí se ha convertido en una poderosa expresión de identidad nacional.

La camiseta amarilla ha trascendido los escenarios deportivos. Hoy está presente en estadios, plazas públicas, reuniones familiares, celebraciones populares y en cada rincón donde un colombiano quiera expresar su amor por la patria. Portarla es, para millones de compatriotas, una manera de manifestar orgullo nacional, esperanza y sentido de pertenencia. Es una prenda que une a los colombianos más allá de las diferencias políticas, sociales o regionales.

Por ello, resulta difícil comprender que, existiendo tantos problemas urgentes que afectan al país, se destinen esfuerzos judiciales a determinar en qué circunstancias puede o no utilizarse esta indumentaria deportiva. Colombia enfrenta desafíos de seguridad, justicia, corrupción, pobreza y violencia que demandan la atención prioritaria de las instituciones. En ese contexto, genera inquietud que se pretenda restringir el uso de una prenda que representa entusiasmo, unión y respaldo a nuestros deportistas.

Desde esta tribuna de opinión considero que la camiseta de la Selección Colombia debe poder llegar a cualquier rincón de la patria y acompañar a los colombianos donde quieran expresar su afecto por el país. No puede convertirse en objeto de prohibiciones que limiten una manifestación espontánea de identidad nacional.

A lo largo de los años, la camiseta ha experimentado cambios de diseño, tonalidades y estilos, de acuerdo con las decisiones de la Federación Colombiana de Fútbol. Sin embargo, permanece inalterable la esencia de sus colores: amarillo, azul y rojo, los mismos que ondean en nuestra bandera y que evocan el sentimiento de pertenecer a esta tierra privilegiada.

Más aún cuando se aproxima una nueva temporada mundialista, en la que todos los colombianos depositamos nuestras ilusiones en nuestros deportistas. El fútbol tiene la capacidad de unir al país, de despertar emociones colectivas y de proyectar una imagen positiva de Colombia ante el mundo. Nuestros jugadores, con talento, disciplina y sacrificio, se convierten en auténticos embajadores de la nación cada vez que saltan al terreno de juego.

Es importante reiterar que la camiseta de la Selección Colombia no constituye un símbolo patrio oficial, pues no ha sido reconocida como tal mediante disposición legal alguna. Los símbolos nacionales continúan siendo la bandera, el escudo y el himno, los cuales merecen nuestro máximo respeto y veneración.

La bandera representa la soberanía y la historia nacional; el escudo recoge los elementos que identifican nuestra República; y el himno nacional, con su hermosa letra y solemne música, exalta las luchas, los valores y las esperanzas que han forjado el carácter del pueblo colombiano.

Esos tres símbolos son los que deben permanecer vivos en la memoria de esta generación y de las venideras. Son el legado que nos une como nación y la expresión más auténtica de nuestra identidad.

Y, mientras tanto, que la camiseta de la Selección Colombia continúe siendo lo que siempre ha sido: un símbolo de pasión deportiva, de unidad nacional y de amor por nuestra querida Colombia.

Civilidad: ¡Viva Colombia!

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