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sábado, 20 de agosto de 2022

De los ayeres a hoy

 


Dos años de ausencia por culpa de la pandemia, hicieron que los cielos de “Popaiam” se privaran de verse adornados con los vistosos colores de las cometas que siempre creíamos eran originarias de mi bella ciudad. Este milenario artefacto volador, nació en China que inicialmente fue utilizado con fines militares. Sus usos bélicos eran dos: dar señales a las tropas desde lejos y medir las distancias. Sin embargo, en los últimos cincuenta años ha tenido una gran evolución. Para entonces, oíamos el mito que conforma la frase: “Julio los prepara y agosto se los lleva”.  La tradición de la cometa en Colombia nació como entretenimiento familiar. Al ser replicada ancestralmente en la infancia, lo que al final importaba, era que llegara el mes de los vientos para gozar del pasatiempo de niños y adultos.

Recordemos bien, la cometa nacional y la iniciativa de las familias que la elaboraban en sus casas para elevar en sitios espaciosos como: la loma del “Achiral” enseguida de la escuela Rafael Pombo, donde siempre llegaba la “ciudad de hierro”, o donde tendían las carpas de los circos: “Egred hermanos”, “Royal Dumbar Circus”, “Gasca hermanos”. Lo más maravilloso y mágico para un niño, era construirlas entre hermanos, hijos y nietos para luego, salir un domingo a elevarlas. Las cometas tradicionales en forma de hexágono se elaboraban con astillas de caña o guadua.  Ese esqueleto se forraba con papelillo multicolor, pegándolo con engrudo, - especie de goma preparada de harina de maíz o yuca. Cada triangulo se cubría de un color. Luego, del mismo papelillo, se le adhería una especie de flecos para que vistosamente vibraran con el viento. Después, se hacían los vientos, donde se anudaba la piola. Por último, se ataba la cola hecha con retazos de trapo o ropa vieja, para darle equilibrio. A las cometas más grandes se les llamaba estrella”. Y, cómo olvidar el “ringlete” juguete armado en un palito al que se le clavaba con una puntilla la figura de aspas construida con cartulina de colores llamativos que con el viento, hacía girar las aspas.

Más adelante, aparecieron los cometeros, verdaderos fabricantes y practicantes de esa actividad que modernizaron las cometas con bastante técnica con madera balso circular y con telas que denominaban coleta fabricada por Coltejer simulando la forma de “chulos” o gallinazos. Con el tiempo, invadieron el mercado las cometas chinas elaboradas en plástico en diferentes estilos como las de ‘Superman’, ‘Batman’ y el ‘Hombre Araña’. Con la modernidad de las cometas, llegaron los concursos organizados por emisoras y empresas comerciales, en un terreno apropiado en donde la gente comenzó a elevarlas, hoy conocido como “La loma de las cometas”. 

Era pues, la fiesta de verano, porque era infalible la creencia y con ella la costumbre, de que, solo se podía elevar únicamente en agosto. Como todo cambia, ahora, el viento no está en esta época del año. Estamos a 21 de agosto y los vientos no se sienten como tradicionalmente ocurría. No veremos las cometas volando libres, permitiendo que familias enteras disfruten del espectáculo que solo es posible en esta temporada. Otra situación más, producto de la nueva normalidad a la que intentamos acomodarnos por los efectos del cambio climático que se está notando, y empeorará.

En “Popaiam”  queremos lo mismo que el resto de nuestros congéneres del mundo: un lugar seguro para vivir en este planeta al que llamamos hogar. Por eso, con fuerza, repitamos el mensaje, de que, el cambio climático es real y, que los seres humanos somos los responsables. El impacto es grave y los gases de efecto invernadero provocan el calentamiento global, como el de fumar causa el cáncer de pulmón.

Civilidad: A menos que los gobiernos tomen medidas, el cambio climático continuará dañándonos a todos. 

 

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