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domingo, 22 de junio de 2025

Estamos en mora con Popayán

 


Me escribe un ex alcalde de Popayán, preocupado porque, “estamos en mora de iniciar una campaña arrolladora que se llame “cultura Popayán”. Cuánta razón tiene mi dilecto amigo para recuperar el valor relacionado con la forma en cómo interactúan las personas, cómo conviven y cómo se tratan unas a otras. Es que, esta ciudad, perdió la capacidad de la otrora “ciudad culta”, que tiene que ver con la cortesía, el respeto y el cumplimiento de las normas establecidas por la sociedad, para favorecer la convivencia y la participación de todas las personas. ¡Lástima grande! Popayán ya no aparece en ese listado nacional del calificativo imaginario construido tras el brillo de su linaje desde la colonia, que le pertenece a la sociedad, pero que a su vez se opone. Es una realidad que se volvió invisible. Claro que, esa ciudad culta tradicional, era una pequeña ciudad de provincia. Aquí su universo parecía triste, pero era verde. La niebla humedecida con los aires del Puracé con cierta delicadeza grisácea sobre las techumbres de las casas, aún cumple la función térmica y decorativa en esta bella región geográfica. Cómo no reconocer, esas coloraciones crepusculares del cielo sobre las cumbres de las montañas, en la acogedora ciudad, durante la salida y la puesta de sol. En el viejo Popayán, se predicaba la moderación, como principio rector de todas las actividades de la vida cotidiana, junto a la cual destacaban la buena educación, que solían ir de la mano. Ese fenómeno que tiene como antecedente la inquietud de la época, tendiente a regular la conducta adecuada para la nueva vida independiente, no sólo en el ámbito moral, sino también en las prácticas domésticas y sociales, denominados “buenos modales” o “buenas maneras”. Todo ese conjunto, contribuyó desde su realidad, a confrontar su apelativo culto entre las ciudades. Hoy Popayán, estudiada desde su conformación colonial, se centra la atención desde 1983 cuando el terremoto que afectó su territorio estableció un hito histórico en su temporalidad. En la actualidad, el país, como símbolo de paz, dejaron de consagrarlo al Sagrado Corazón. Ahora vivimos en una ciudad con amplias avenidas, pero con reducidos cerebros. Y aunque el sol y la luna iluminan a Popayán, para mantener su esplendor; estamos entre gentes reveladoras de la mentalidad de una sociedad subyugada por el poder, cimentada por la pacatería, propio de las personas que manifiestan excesivos escrúpulos morales y obsesiones, pero sin construir unas mínimas bases que hagan viable la ciudad, debido a la insuficiente cultura ciudadana para consolidar, tanto en lo público y lo político como en la vida cultural y social.

No hay disculpa, no puede existir ninguna, para que los encargados del poder público con todas las fuerzas vivas de la ciudad se recuperen la “Cultura Popayán”. La ciudad debe ser un sistema donde se concentren las mayores dosis de optimismo colectivo, de pensamiento, de riesgo, de desarrollo material y de ganas de futuro. El problema fundamental, estriba en cómo actuar de manera tal, que sea el máximo número de habitantes quien se beneficia de ella. Algo que será difícil realizar, sin las necesarias alianzas que apoyen, mostrándose de acuerdo que, a la postre, todas las decisiones que, desde la voluntad gubernamental, se construya la “cultura Popayán”. Empezando donde nació la ciudad, reviviendo su centro, volviéndolo un atractivo turístico, por su belleza arquitectónica. Pidiéndole a la ciudadanía que devuelva, los espacios para caminar, para disfrutar un café. Cómo negar que el centro es católico, pero caótico. Hay que incluirlo como turismo religioso, aunque ingresar al centro es difícil, haciéndolo poco atractivo al visitante, llámese turista o cliente. Los vendedores ambulantes, tienen derecho a trabajar, pero se apoderaron del espacio público, lo cual dificulta el tráfico peatonal y vehicular. Si queremos avanzar, el Centro debe transformarse. Claro, con soluciones para todos, hasta encontrar el camino y las diferentes alternativas, lideradas por la administración municipal, con diálogo, es la tarea de todos.

Civilidad: Una ciudad que busca como resolver sus problemas, siempre será una mejor ciudad.

 

 

 

sábado, 14 de junio de 2025

Creando confianza en Popayán

 


Sin equivocación, todos los problemas que se abordan desde las políticas públicas generalmente son complejas. Desde luego, demandan soluciones sin que falte la mirada crítica de la comunidad. “El hombre es por naturaleza un ser insatisfecho porque busca la perfección”. Por eso, se dice que gobernar no es nada fácil. Solo los más insensatos pueden pensar que la vida del gobernante es cómoda.

Al hombre no le basta con tener sus necesidades materiales satisfechas para llevar una vida placentera; ya que, además de cuerpo, tiene espíritu y éste, dependiendo de cómo se sienta el cuerpo que lo alberga, es por sí mismo, generador de felicidad o de infelicidad.

Abreviando en un solo vocablo, la razón de ser de nuestra infelicidad, es la “insatisfacción”. Somos seres permanentemente inconformes.  Y para satisfacer las exigencias físicas y espirituales, el hombre necesita vivir en sociedad, porque el hombre racional, por sí solo, no es autosuficiente, por lo que requiere de la ayuda y protección de los demás de su especie, formando lo que llamamos comunidades. El hombre aislado no puede desarrollarse como persona, de ahí nuestra tendencia a agruparnos en vez de aislarnos. Un ejemplo moderno, es el auge de las redes sociales y su rápida expansión, gracias a los avances científicos y tecnológicos. De allí que, continuamente se inventen nuevas formas de comunicación para convivir en sociedad. Las plataformas de redes sociales tienen el potencial de conectar a las personas como nunca antes. Son un espacio virtual donde personas de diferentes orígenes pueden conectarse, conversar y fomentar un sentido de comunidad. Pero, este mismo fenómeno puede conducir a la polarización de opiniones y comportamientos tóxicos, dificultando el diálogo constructivo y el entendimiento entre diferentes grupos.

En su obra de filosofía política, Aristóteles afirma, que el hombre es un ser social y político. Según este filósofo, la familia es la primera comunidad o sociedad conformada y necesaria para el ser social. Pese a ello, la familia no es suficiente para satisfacer todas las necesidades del ser humano, por lo que este crea una comunidad. Para ello, se organizaron aldeas y, luego, estas constituyen la polio ciudad griega de aquel entonces.

La organización de la sociedad requiere de la naturaleza política del hombre, y esta organización deriva en el derecho, gracias a la virtud de los ciudadanos y a la práctica de la justicia. El derecho o lo justo como tal, sólo tiene sentido para el hombre en sociedad. Ese derecho asegura la felicidad del mismo. De donde nace el derecho a opinar con optimismo frente al avance de las obras de infraestructura en la ciudad, la confianza en el alcalde y la imagen de las instituciones del gobierno.  Así que, durante el último año, se refleja una mejoría en la administración municipal; en contraste, otros opinadores muestran cambios negativos en su satisfacción con la movilidad, manifiestan insatisfacción con el transporte público y baja satisfacción con la ocupación del espacio público.

Son muchos los problemas que enfrenta Popayán, que involucran principalmente elementos de infraestructura, de gestión y ejecución de rubros presupuestales, de escasez de recursos, de debilidad institucional, entre otros. Pero, para muchos también, el incumplimiento de normas, los comportamientos ciudadanos contrarios a la convivencia, inseguridad ciudadana y la accidentalidad vial por la imprudencia de los habitantes, etc., etc. Entonces, la solución depende principalmente (aunque no exclusivamente) de impulsar cambios comportamentales en la ciudadanía. ¿Cómo? Con una efectiva construcción de ciudadanía, comenzando por mejorar la educación proporcionada al sector infantil, para que luego, sean ciudadanos completos. Que no sólo sepan sus derechos, sino también que conozcan sus obligaciones y toda la cultura política y legalidad que implica ejercer responsablemente la ciudadanía.

Apoyado en lo anterior, me di a la tarea de indagar entre conocidos, amigos y transeúntes, resultando que nueve de cada diez personas afirmaron sentirse orgullosos de vivir en Popayán. Y que ocho de cada diez, pagan sus impuestos a tiempo para que la ciudad pueda mejorar su desarrollo. Hice este ejercicio como construcción de confianza, reconocimiento y agradecimiento ciudadano a la amada ciudad de Popayán.

Civilidad: Fomentar un sentido de comunidad es fundamental, porque las preferencias o acciones individuales racionales a corto plazo beneficiarán a la ciudad y a la sociedad a largo plazo.

sábado, 7 de junio de 2025

La Urbanidad pasó de moda en Popayán

 


A diario tenemos dificultades para la convivencia, hay caos ciudadano por falta de Urbanidad. Desde el punto de vista lingüístico, la palabra ‘incivilidad´, se usa para referirse a los comportamientos conflictivos en público, constituyéndose en un problema de seguridad. Detalles, como sacar las basuras a destiempo, tirar desperdicios a la calle; no respetar las señales de tránsito, bloquear las vías, motocicletas con ruido ensordecedor, permisividad para que los niños irrespeten a los padres y a los mayores, a manera de unos pocos ejemplos. Posiblemente estos temas estén reglados en el Código de Policía; pero la mayoría y los más frecuentes, no constituyen falta ni delito punible. En fin, el Código de Policía es un absoluto saludo a la bandera, convertido en el hazmerreír de los malos ciudadanos.

Hace 60 años, el currículo académico contemplaba como materia obligatoria la Urbanidad y buenas maneras, conocida como el Manual de Carreño, obra venezolana publicada en 1853, en la que se recomendaban consejos acerca del comportamiento humano (adultos, jóvenes y niños) en espacios públicos y privados. Tema de gran importancia que, con el correr de los años, perdió valor y de la que no se volvió a saber nada. Antíguamente, en la escuela, inculcaban, "respetar a los mayores en edad, dignidad y gobierno". Ahora ni lo enseñan ni lo practican, porque piensan que es autoritarismo o sometimiento acrítico al poder. Y, es posible que digan que este escrito en pro de rescatar la Urbanidad y el Civismo, es pura lata.

Pero no importa, una persona que me lea y aplique lo dicho, es suficiente. Algún día podremos decir que Popayán despertó para empezar a preocuparse por el comportamiento de sus ciudadanos en los espacios públicos, especialmente con respecto a la limpieza, el reciclaje y el respeto al medio ambiente, en general.

Matraca vulgar, vemos y oímos a diario con las numerosas ofensas y calumnias al otro y ante las que el ciudadano normal se encuentra inerme. Se trata de reclamar de suplicar más de Urbanidad y buenos modales. La Urbanidad, se empieza aplicándola con nuestro prójimo más cercano, en el núcleo fundamental de la sociedad: la familia. Si rescatamos los buenos modales, se nos facilitará la vida diaria y a partir de ahí, ampliaremos las cacareadas palabras de solidaridad, corrupción con todas aquellas molestias que ocasionan las diabólicas conductas.

La falta de Urbanidad en la actualidad, como la falta de respeto hacia los demás, no es un error de conocimiento. Es más, un defecto moral, que un defecto intelectual. En tiempos antiguos, hasta escupir en la calle era motivo de reprensión social, porque había autoritarismo en la familia. En la sociedad actual no hay obediencia por la ausencia de autoridad, cultura y educación. La falta de Urbanidad, permite el mal comportamiento de los hijos que tienden a ser irritables, agresivos, temperamentales, infelices, irascibles, malhumorados, vulnerables al estrés y sin ganas de realizarse. El exceso de democracia (libertinaje) permite actuaciones insolentes de los niños hacia los padres y mayores.

El problema surge en las sociedades democráticas, en las que la falta de autoridad es fácil que se manifieste en una abrumadora falta de urbanidad. Y más aún, cuando quienes se comportan con faltas de Urbanidad, son los que ocupan escaños en el Congreso de la República, representando al pueblo colombiano. Da vergüenza, es una bofetada, un escupitajo, la doble moral, la mala educacion y grosería de algunos “padres de la patria”.

La falta de urbanidad se deriva de la falta de respeto hacia el prójimo. Ceder el asiento en el bus, pedir permiso al pasar por un estrecho anden y hasta contestar el saludo se ha convertido en una trivialidad, “fuera de moda”, en “anticuado”, “propio de viejos” y hasta poco “chic” como dirían algunas jovencitas. Lo que parecen no entender estos jóvenes y otros no tan jóvenes, sin el respeto a las normas de convivencia nuestra sociedad se torna anacrónica, despiadada y hasta insulsa. Devolver la autoridad perdida no es una medida popular, y, además, poco le importa a los del coche oficial con vidrios polarizados. No hay que esperar demasiado de los políticos en este sentido por lo que vemos en los debates del congreso con minúscula. Tendrá que ser la sociedad quien lo exija, utilizando todos aquellos cauces disponibles.

Civilidad: Urbanidad son las reglas que entre unos y otros debemos adoptar para vivir en paz.