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domingo, 16 de noviembre de 2025

¡Si tuviéramos el ferrocarril!

 



Un claro ejemplo de lo que es un yerro, podría ser el equivocado levantamiento del tendido de las vías férreas en Colombia. Los medios de transporte a través del ferrocarril, lastimosamente se perdieron por la falta de visión y despreocupación de los gobernantes de turno. Pero no fue por disposición de una sola persona que acabara con los ferrocarriles.  La realidad del fracaso del ferrocarril en Colombia, fue un proceso con la combinación de varios factores:  geografía montañosa, falta de inversión y modernización; administración deficiente con corrupción y altos costos laborales; dependencia de las exportaciones, y a la competencia de la red vial con la llegada de los camiones.

A la ciudad de la eternidad  y el olvido, el ferrocarril llegó el 26 de junio de 1926, marcando el primer viaje inaugural entre Cali y Popayán. La llegada de este tren se dio durante la gerencia de Alfredo Vásquez Cobo, y contó con la presencia del presidente de la república. Durante su inauguración asistió el presidente Pedro Nel Ospina, cuya presencia permitió construir una anécdota corta, pero tan real, que se mantiene hasta la fecha. Todo lo que cuentan, incluidos los detalles, ocurrieron, más o menos, como se explica; aunque el paso del tiempo, siempre borra o altera la memoria.

Aquel día, en Popayán cuna de diecisiete presidentes colombianos, fue tanta la concurrencia que, el presidente Pedro Nel Ospina, se sintió incómodo con la actitud de los payaneses porque casi ni atención le prestaban; entonces uno de los ciudadanos que se encontraba a su alrededor le respondió: “En Popayán estamos acostumbrados a ver presidentes, pero es la primera vez que vemos un ferrocarril.”

Dentro de la historia de los ferrocarriles de Colombia las vías férreas se tendieron en la década de los años veinte en búsqueda de soluciones al transporte masivo de carga y de personas. Pero como todo en Popayán, aquí llegaron tarde. En el país había pasado la hora de la mula de hierro y, después de la década de los cincuenta una a una se fueron desmontando. Tan lamentable fin, refleja problemas de liderazgo político y falta de planeación a nivel nacional y local, cuyos responsables no concibieron un sistema de transporte a largo plazo. Fue así como entre 1930 y 1954, las políticas del Gobierno nacional prefirieron las carreteras y una a una, las viejas locomotoras desaparecieron.

Cien años después, ni los vestigios quedan. En la actualidad el sistema de transporte es una necesidad sentida. Retrocedió la ciudad. Sin embargo, esa hermosa estación del ferrocarril de Popayán, prevalecía como un referente arquitectónico, un auténtico icono, que marcó tendencia estilística en la ciudad, que fue construida en 1924, ya no existe, fue demolida en 1975. Para derrumbarla tuvieron que meterle cientos de kilos de dinamita, ya que era una construcción de concreto reforzado, con gruesos muros y reforzadas columnas. Ha sido una de las tantas pérdidas lamentables que ha tenido la ciudad. Hoy solo los recuerdos quedan. Y entonces, el último tren que marcó el fin del servicio ferroviario, llegó a Popayán, hasta 1967 cuando se demolió la estación.

Si tuviéramos esas líneas férreas activas, los beneficios serían múltiples:  reactivación económica, generación de empleo y conexión de regiones. "Si existiera el ferrocarril, otro gallo cantaría", frase propicia para lamentar diciendo que, si hubiesen tomado una decisión distinta, la realidad hoy sería mucho más favorable. Hoy, la falta del ferrocarril, -como medio más rápido y eficiente de transporte en su época- es vista como la razón de una situación negativa actual. Entonces, la frase insinúa que, si se hubiera implementado o mejorado el ferrocarril, las cosas serían mucho mejores. 

Hoy día, viajar a la sucursal del cielo desde la hidalga ciudad o viceversa, se demora varias horas, convertido en un calvario. No hay derecho, ni cuerpo que lo resista. Los peajes son una tortura, no venden los prepagados, ni ponen más empleados. Impotentes ante la seguidilla de camiones, tracto-mulas obstaculizando el paso. ¡El tráfico vehicular, en manos de Dios!

Civilidad: viajar por tierra es un martirio, no es una metáfora para describir el viaje por tierra. Extremadamente agotador, desagradable, una tortura, además peligroso.

 

sábado, 8 de noviembre de 2025

Hablemos claro y sin tapujos

 

Cada domingo me valgo de este espacio para reflexionar, explorando temas relacionados con la “semidormida ciudad” en medio del bullicio. Hace 16 años iniciaron el plan de movilidad urbana, hoy inconcluso. Así que hablemos sin rodeos para explicar algo complicado y desfavorable para Popayán. Se trata del incumplimiento y la tardanza de las obras que no parecen tener un destino final sino fatal en “el túnel del tiempo”. Son obras metafóricamente, detenidas como el reloj de la Torre.
Era un proyecto de construcción, para producir un resultado en un tiempo determinado, con un comienzo y un fin determinado, desde luego, con recursos establecidos por la máxima autoridad de planeación en Colombia Conpes. Pero la finalización tardía, es un riesgo que trae consecuencias, como: sobrecostos, mala calidad o fracaso. El caso de Popayán, es sui generis caminando a paso de tortuga. Desde la colina del “Morro” percibo la ciudad adormilada, donde el lento atardecer da paso a la oscuridad, para que sus calles sean absorbidas por el cielo, mostrando la siguiente radiografía: 
 
 El Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP) de Popayán es un proyecto de movilidad iniciado en el 2009, que buscaba mejorar el servicio de transporte colectivo, haciéndolo más eficiente, seguro y sostenible a través de la adopción de tecnología como el sistema de recaudo centralizado y el control de flota, con un nuevo esquema institucional para el mejoramiento de la infraestructura vial.
 Para ello, crearon la empresa” Movilidad Futura S.A.S., encargada de planificar, coordinar y ejecutar la implementación de este sistema”. Celebraron con la Universidad del Cauca, el Convenio Interadministrativo 2.3.32.6/150 de 2010 para la elaboración de los diseños para la adecuación de la infraestructura urbana requerida por la fase 1 denominado “Sistema Estratégico de Transporte Público, estableciendo las actividades de obra contempladas en el proyecto correspondiente.

En 14 de octubre de 2016 expidieron el decreto municipal, estableciendo en el Art. 1°, la adopción de “El Plan Maestro de “Movilidad para el Municipio de Popayán”. Y en el Art.2° la Protección del Centro Histórico. Para la implementación del Plan de Movilidad en el sector antiguo de la ciudad de Popayán, al ser un bien de interés cultural del ámbito nacional se cumplirá con el plan especial para su manejo y protección, establecidos establecido (sic) mediante resolución 2432 de 2009 del Ministerio de Cultura”.

Hoy la lentitud en las obras, demuestra que Popayán padece esa incurable enfermedad hereditaria: “pachorra administrativa”, 16 años demorando un problema técnico-financiero, costoso, complejo y arriesgado en esta construcción.  Ahondando cada vez, las preocupaciones del establecimiento municipal con altos pasivos económicos. Situación que da paso a la distribución de responsabilidades entre las partes reclamantes y defensoras. Solo hasta septiembre de 2025, el Concejo Municipal de Popayán, se permitió monitorear el avance real del proyecto, comparándolo inoportunamente con el avance planeado, determinado dentro del presupuesto y los tiempos estipulados en la planificación del Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP). Solo allí, los concejales expresaron profundas y tardías preocupaciones frente al futuro del sistema, señalando atrasos estructurales, falta de ejecución, poca articulación institucional y creciente incertidumbre financiera.

No les sobra razón, pues el transporte público no puede seguir en la incertidumbre. Sobran diagnósticos, pero no hay soluciones. Es hora de exigir respuestas y resultados positivos, en la ciudad que impide la capacidad de caminar del peatón porque es una trampa para él. A paso de tortuga, con retrasos para obtener un transporte moderno, eficiente y operativo. El objetivo principal del Sistema Estratégico de Transporte Público para el municipio de Popayán estaba enmarcado dentro de las políticas y estrategias del Gobierno Nacional para apoyar a las ciudades intermedias en el desarrollo de un sistema de movilidad eficiente y autosostenible. Así que las obras están paralizadas o suspendidas y todavía sin conformar legalmente el Operador del Sistema de Recaudo Centralizado para el Sistema Estratégico de Transporte Público -SETP- Entonces, el transporte público colectivo se transformó en un símbolo del abandono colectivo. El municipio de Popayán sufre la dolencia financiera, porque tanto a nivel nacional como acá existen dificultades económicas.

¿Por qué tanto atraso? es un galimatías que nada tiene de fácil. El Estado sometido al Estado. La contabilización de sobrecostos y la ausencia de flujo de caja, significa que no hay dinero suficiente para cubrir los gastos y obligaciones a corto plazo. Hay mucha incertidumbre, seguida de muchos fracasos, -para las ruedas salvajes- ante el incumplimiento de la duración acordada. ¿Otro “elefante blanco? En lengua castiza: “la olla está raspada”.

Civilidad: “La Ciudad Blanca”, entre la mudez de quienes han ejercido el reinado entre los hombres, sigue soñando con resiliencia del espíritu, resistiendo la agonía material y humana.

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

La ciudad maldecida (Así estamos)

                                                                           


El título de este escrito duele mucho, pero duele más, callar lo que quiero decir.  Aguantar las ganas de escribir no va conmigo, aunque enmudecer es lo más fácil. Trago saliva, mientras todos callan hasta que el problema pasa. Mucha gente cree que quedarse callado evita complicaciones, menos discusiones, menos riesgos. Es que se volvió intolerable tanta contrariedad, una tras otra. La ruina se adueñó de la ciudad, que hoy carece de títulos de propiedad. Cae a pedazos en manos muertas.   Los tiempos cambian, derriban lo viejo y, surge “el progreso” entre las reliquias.

La decadencia ha llegado al punto de rayar la historia de varias generaciones. No hay duda sobre “la ciudad maldecida”, relacionada principalmente a la leyenda de la Cruz de Belén.  Maldición que se remonta desde cuando desterraron al arzobispo Carlos Bermúdez Pinzón, quien maldijo a Popayán antes de su partida en 1877, pronunciando estas palabras: "Maldigo a esta ciudad, cuna de masones y enemigos de Dios. El día que la cruz de la iglesia de Belén caiga, los muertos saldrán de su tumba y Popayán se acabará". Menos mal, la ruina no ha sido total, porque la cruz, contiene inscripciones que rompen el mito de esa leyenda, con oraciones espirituales que protegen la ciudad.  

Las maldiciones son creencias no comprobables, aunque existen las coincidencias que, desde la perspectiva estadística, son probables, conectadas por causalidad, pues el cerebro humano tiende a buscarles un significado. Los hechizos del mal, han sido parte de la humanidad desde tiempos inmemoriales y, subsisten. Desde la antigüedad, hasta las culturas modernas, el sentido de ciertas palabras, rituales o incluso, “las ojeadas”, que suelen desencadenar en desgracias. Han sido recurrentes en la historia humana y siguen provocando impacto en el comportamiento de las personas que las creen, en su percepción de la realidad.

Quien esto escribe, no es nada supersticioso, distinguiendo las maldiciones como habladurías. Sin embargo, en contemplación intensa, repasando hechos perturbadores y redundantes en Popayán, me hacen juzgar que la maldición se ha adaptado al contexto contemporáneo.  

En el caso de Popayán y su "maldición", se amolda a mi propia cosmovisión desencadenada en verdaderas fuerzas negativas que aturden la ciudad. En una primera lectura, leo la fecha de su fundación, con una diferencia de solo un año con Cali el 25 de julio de 1536 y, Popayán el 13 de enero de 1537. Sin pretender hacer una descripción minuciosa, sino una tentativa de presentar a los lectores una reseña muy general del desarrollo de la progresista Cali, comparada con la decadencia de la "hidalguía" y la “pureza de la colonial” Popayán, como consecuencia de una combinación de factores: corrupción estructural y política, que resultan de malas decisiones gubernamentales. Entre ellas, demoras en obras, generadas por la mala planeación, la falta de coordinación con otras entidades y empresas de servicios públicos, males económico-sociales y el empleo exagerado de trámites. Son muchos ejemplos convertidos en paisaje: la perdurable invasión del espacio público, bloqueo de vías, incultura ciudadana, infraestructura deficiente y congestión del tráfico, atraso digital - semáforos-, vandalismo grafitero, delincuencia y violencia…

Levanto los ojos del teclado, meditando sobre el atraso de la ciudad. Me invade el escalofrío, la veo desconectada de la realidad. No existe la urgente necesidad de paliar el atraso. Desdichadamente no se nota que haya remedios institucionales contra el atraso. En el aterrador contexto que vive Popayán, aparece de nuevo la desoladora distancia que separa las palabras de las vicisitudes. El uso débil de autoridades locales, no permite el medio para corregir las prácticas incivilizadas. Urge sanar la herida en la compostura de hombres y mujeres, con noción de valores, principios y conciencia cívica, que permita la formación de un “pueblo culto” para retornar la dignidad y la decencia.  

Nuestra “Alma Mater” perdió su rumbo. En siniestro “viernes cultural”, enfocado al salvajismo, quedó demostrado que la juventud está perdida con ideas baratas. Que un grupo de muchachos malcriados viven encadenados, metidos en una cueva, dentro de una visión limitada de la vida, a espaldas de la realidad, creyendo únicamente en las sombras proyectadas en la pared por objetos y personas que pasan detrás de ellos, infundidos por una hoguera.

Civilidad: Entretanto, los deseos de la gente vagan por encima del oscuro abismo de la resignación silenciosa que nos hace aceptar lo inaceptable.