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sábado, 27 de agosto de 2022

El Doctor Bolero

 



 

El bolero seguirá siendo eterno mientras exista el amor. El amor es bolero. El bolero es un canto al amor y al dolor, por eso la composición de sus frases son auténticos poemas de amor que, de un momento a otro, llega a nuestras vidas. Bien sea, cuando nos enamoramos, cuando nos llega el desamor, cuando añoramos a alguien que se nos fue de nuestras vidas, o cuando nos ponemos sentimentales. No me canso en repetir que, más que otros géneros, el bolero posee una energía juvenil, que nos vuelve a ella, un encanto que lo hace sonar fresco y vigente, aunque pasen los años. Lo confirman estos boleros que encarnan su magia y variedad de estilos: Solamente una vez, Historia de un amor, Bésame mucho, Espérame en el Cielo, Donde estás corazón, Vendaval sin rumbo, Embrujo, La almohada…

En fin, quien no se ha identificado con la letra de los boleros. No me siento empalagoso o pasado de moda, porque tal vez, muchos nos hemos conmovido con este género musical que nunca pasará de moda. Sin duda, algunos agarrando la botella, también han cantado en sus noches de locuras amorosas.  Podría seguir escribiendo de las canciones y de sus infinitas formas, pero no daría ni para diez artículos, sino para editar un libro. 

Injusto sería sino escribiera estas líneas para presentar al Doctor Bolero. Escribo sobre ese talento artístico nacido en Popayán, de voz privilegiada por inclinación natural, con quien con el paso del tiempo he podido compartir en ocasiones especiales noches de sana bohemia. El personaje central de estas líneas, desde temprana edad, cultivó su labor artística y muchos han sido sus éxitos. Ahora él ha vuelto, con más fuerza e ilusión a interpretar el género musical del bolero. Por ello, aquí sintetizo algunos datos biográficos del destacado odontólogo de profesión, Álvaro Martínez Pabón, quien posee varias especializaciones en su formación profesional. Además, Magister en Administración de Empresas de Salud. Paralelo al ejercicio de su profesión universitaria, nunca ha dejado de interpretar sus boleros; ya en cualquier reunión familiar o con amigos y en escenarios populares. Baste decir que, ha salido con éxito en festivales de música; que desde hace 18 años es integrante del Coro de Cámara de Popayán, con participaciones en México, Panamá y en varias ciudades de Colombia. Quienes escuchan la voz del doctor Álvaro Martínez, que hace parte de la galería de cantantes, caen subyugados ante su embrujo. Por eso, quería volver a tener esas sensaciones del público, saber de la grabación de su último disco, recuperando el contacto con la gente que lo ha seguido. Y, para seguir disfrutando el enorme placer que es dedicarse a la música, que es lo que nos gusta. Ahora, se apresta a gravar ese bolerazo titulado: “Perdón”, en dúo con Alejandra Ruiz Herrera, también nacida en Popayán, quien dará harto de qué hablar y mucho que aplaudir en los conciertos musicales.

Civilidad: “Interpretar un bolero es como hacer el amor”.

 

 

sábado, 20 de agosto de 2022

De los ayeres a hoy

 


Dos años de ausencia por culpa de la pandemia, hicieron que los cielos de “Popaiam” se privaran de verse adornados con los vistosos colores de las cometas que siempre creíamos eran originarias de mi bella ciudad. Este milenario artefacto volador, nació en China que inicialmente fue utilizado con fines militares. Sus usos bélicos eran dos: dar señales a las tropas desde lejos y medir las distancias. Sin embargo, en los últimos cincuenta años ha tenido una gran evolución. Para entonces, oíamos el mito que conforma la frase: “Julio los prepara y agosto se los lleva”.  La tradición de la cometa en Colombia nació como entretenimiento familiar. Al ser replicada ancestralmente en la infancia, lo que al final importaba, era que llegara el mes de los vientos para gozar del pasatiempo de niños y adultos.

Recordemos bien, la cometa nacional y la iniciativa de las familias que la elaboraban en sus casas para elevar en sitios espaciosos como: la loma del “Achiral” enseguida de la escuela Rafael Pombo, donde siempre llegaba la “ciudad de hierro”, o donde tendían las carpas de los circos: “Egred hermanos”, “Royal Dumbar Circus”, “Gasca hermanos”. Lo más maravilloso y mágico para un niño, era construirlas entre hermanos, hijos y nietos para luego, salir un domingo a elevarlas. Las cometas tradicionales en forma de hexágono se elaboraban con astillas de caña o guadua.  Ese esqueleto se forraba con papelillo multicolor, pegándolo con engrudo, - especie de goma preparada de harina de maíz o yuca. Cada triangulo se cubría de un color. Luego, del mismo papelillo, se le adhería una especie de flecos para que vistosamente vibraran con el viento. Después, se hacían los vientos, donde se anudaba la piola. Por último, se ataba la cola hecha con retazos de trapo o ropa vieja, para darle equilibrio. A las cometas más grandes se les llamaba estrella”. Y, cómo olvidar el “ringlete” juguete armado en un palito al que se le clavaba con una puntilla la figura de aspas construida con cartulina de colores llamativos que con el viento, hacía girar las aspas.

Más adelante, aparecieron los cometeros, verdaderos fabricantes y practicantes de esa actividad que modernizaron las cometas con bastante técnica con madera balso circular y con telas que denominaban coleta fabricada por Coltejer simulando la forma de “chulos” o gallinazos. Con el tiempo, invadieron el mercado las cometas chinas elaboradas en plástico en diferentes estilos como las de ‘Superman’, ‘Batman’ y el ‘Hombre Araña’. Con la modernidad de las cometas, llegaron los concursos organizados por emisoras y empresas comerciales, en un terreno apropiado en donde la gente comenzó a elevarlas, hoy conocido como “La loma de las cometas”. 

Era pues, la fiesta de verano, porque era infalible la creencia y con ella la costumbre, de que, solo se podía elevar únicamente en agosto. Como todo cambia, ahora, el viento no está en esta época del año. Estamos a 21 de agosto y los vientos no se sienten como tradicionalmente ocurría. No veremos las cometas volando libres, permitiendo que familias enteras disfruten del espectáculo que solo es posible en esta temporada. Otra situación más, producto de la nueva normalidad a la que intentamos acomodarnos por los efectos del cambio climático que se está notando, y empeorará.

En “Popaiam”  queremos lo mismo que el resto de nuestros congéneres del mundo: un lugar seguro para vivir en este planeta al que llamamos hogar. Por eso, con fuerza, repitamos el mensaje, de que, el cambio climático es real y, que los seres humanos somos los responsables. El impacto es grave y los gases de efecto invernadero provocan el calentamiento global, como el de fumar causa el cáncer de pulmón.

Civilidad: A menos que los gobiernos tomen medidas, el cambio climático continuará dañándonos a todos. 

 

domingo, 14 de agosto de 2022

El manual del majadero

 


Suena gracioso, pero es cierto: quien maneja en Popayán, puede hacerlo en cualquier parte del mundo. Estamos mamados de ser una de las más típicas y egoístas ciudades que cuenta con las acciones de una caterva de majaderos, acarreando vehículos con consecuencias devastadoras. En esa carretada (montón) de irresponsables se incluyen: buses, busetas, taxis, motociclistas, vehículos particulares, carretillas, moto-ciclistas... Nadie escapa al irrespeto por los demás. Uso y abuso de aceras para peatones con vehículos parqueados encima, todos involucrados en ello.

Es factible minimizar el desorden que cogió fuerza; pero depende de todos, especialmente, de los locos del volante. Pues, pareciera que salen a la vía, con el aprendido manual del perfecto majadero para incomodar a los demás, dejando claro que son incapaces de entender que se trata de espacios compartidos y, no para uso exclusivo suyo.

Las normas y señales de tránsito se implementaron para informar, prevenir y alertar sobre las adecuaciones, prohibiciones y puntos de interés para garantizar el tránsito a peatones y conductores que se movilizan por las diferentes vías de la ciudad.  Pero, son leyes desaprendidas que, segundo a segundo trasgreden con conductas inadecuadas: cinturón, alcohol, velocidad y uso de celular. Borran de su memoria normas de prohibido parquear, pare, velocidad máxima y, en el caso de vehículos de transporte público, dejando y recogiendo pasajeros en cualquier lugar. Aplican el manual del majadero, habitantes, no ciudadanos, que, con total descaro, se saltan casi todas las reglas establecidas. No respetan nada ni a nadie. Lo hacen, creyéndose amos del volante.  No entienden que los vehículos fueron diseñados con el fin de favorecer la existencia de todos. Desconocen que al lado del volante hay unas palancas que sirven para indicar el cambio de carril o dirección; pero si las usan, el desadaptado que viene atrás, las ignora, porque cree que su tiempo es más valioso que el del otro.

Popayán carece de autopistas de varios carriles, de allí el “viacrucis” por los trancones que producen camiones y tracto-mulas circulando por el centro de la ciudad. Sin faltar el vivo-bobo que bloquea un cruce, impidiendo que el tráfico fluya. Y, otro más, que, por su afán, cree que, deteniendo su carro, en lugar de dejar el cruce libre para que los semáforos y el tráfico hagan su trabajo.

La ciudad se volvió un entorno hostil para todos. Pocas veces entienden que el peatón no es una basura. No le dan prioridad a la persona que va a cruzar por uno de los pocos lugares por el que está autorizado a hacerlo.

No faltan, esos que van por la calle con sonidos altisonantes en el automóvil sin auriculares como si creyeran que su incomprensible gusto musical merece ser compartido con el resto de la humanidad. Y que tal, la versión del incivil del tracto- camión o la “chiva” usando su estruendosa corneta generando molestia y crispación.  Sin olvidar el mañoso motociclista que aprovecha los huecos libres para circular en zig-zag llevando tres y hasta cuatro pasajeros.

Entendible lo que significa estar obligado a desplazarse en silla de ruedas, pero no hay justificación para tener el privilegio de invadir los espacios, porque las personas discapacitadas tienen las mismas obligaciones y los mismos derechos que los demás usuarios de las vías públicas.

Me falta espacio para narrar el mar de imbecilidades cometidas en mi amada ciudad y, aunque parezca insólito, no hay ninguna autoridad que vigile el cumplimiento de las normas de tránsito o que imponga multas y comparendos por su violación. De contera, no hay sistema de semaforización. Y aunque los repararan; en Popayán, es habitual, la dieta del semáforo, “comiéndoselos”.

Crearon agentes de tránsito, inicialmente alrededor del centro histórico, bandera del alcalde Juan Carlos López, buscando controlar los inconvenientes de la movilidad, pero no es suficiente. Todos debemos colaborar con el alcalde y la ciudad, usando el manual de buen ciudadano. Además, reimplantar reglas de disciplina, viales y de convivencia ciudadana, en aulas escolares, universitarias y, en reuniones de padres de familia, porque, si los alumnos aprenden en clase y no se reafirma en casa, no tiene ningún valor.

Civilidad: Hay que reeducar a la ciudadanía, cambiándole el manual del majadero, para rescatarle a Popayán, el título de “Ciudad Culta”.